Refutación de Keynes: Henry Hazlitt (16)

1. Sobre el quedarse sin comer
En el capítulo 16, Keynes trata de hacer parecer que ahorrar es una mala idea para la economía, esto porque deprime el consumo y, en el largo plazo, la inversión. Capítulo donde Hazlitt desmonta falacia tras falacia los argumentos de Keynes en contra del ahorro y el capital. Por ejemplo, que el ahorro no pueda ser canalizado a través del sistema financiero porque gran parte de la sociedad ahorra debajo de su colchón, no se da ni en países como Bolivia, donde gente humilde, de clase media y de mayores ingresos, tienen cuentas de ahorro en el banco.
Lo que reafirma que ahorro e inversión sean, como una de las definiciones de Keynes, esto es, “aspectos diferentes de la misma cosa”, se da precisamente porque los ahorros que los agentes económicos mantienen en el sistema financiero, sobre todo el bancario, son canalizados por éste en busca de rentabilidades en forma de préstamos para inversión. Entre las contradicciones del inglés como vimos antes, se encuentran dos definiciones sobre el ahorro e inversión, la primera, que ahorro e inversión son “aspectos diferentes de la misma cosa”, pero también, que entre ahorro e inversión, lejos de ser “aspectos diferentes de la misma cosa”, no alcanzan igualdad a menos que sea el Banco Central el encargado de expandir artificialmente el crédito para cubrir la diferencia que el ahorro, de manera estructural, no llega a cubrir. Como más adelante veremos, Keynes es partidario de políticas de corte inflacionista, con tal de mantener el consumo y el endeudamiento para evitar que la economía se deprima y que, por otro lado, los destinado a dirigir el barco de la economía, interviniendo en ella, son los burócratas, los ingenieros sociales, y los políticos: esto porque según Keynes, los agentes económicos, con excepción de los iluminados del Estado, toman sus decisiones de manera irracional.
Pensar que incrementar el ahorro de manera genuina, es decir, reduciendo temporalmente el consumo, deprime el consumo presente, y con eso, la demanda agregada y el crecimiento es olvidar que además de industrias de bienes de consumo, también existen industrias de bienes de capital que pueden absorber el empleo de las industrias de bienes de consumo una vez que éstas lo reducen por el menor consumo y a su vez por la mayor demanda de empleo de las de bienes de capital, una vez que el ahorro se destina a la inversión vía sistema financiero.
Pensar que la deuda que emite el Banco Central para “crear ahorro” puede sustituir ahorro genuino es olvidarse de los efectos que esto trae consigo y que Keynes no estudió por limitarse a leer a los economistas de Cambridge y a economistas inflacionistas como Silvio Gesell. Entre estos efectos, además de la inflación se encuentran las burbujas de activos y la gestación de los ciclos económicos en distinto grado, tal como la Escuela Austríaca de Economía, en tiempos de Keynes, ya había desarrollado.
2. Ahorro, Inversión y Oferta de Dinero
Keynes también afirma que cuando una persona ahorra, necesariamente hay otra que se ve forzada a transferirle algún elemento de su riqueza, es decir, que cada acto de ahorro de una persona lleva consigo el desahorro forzoso por parte de otra persona, lo que sería suponer que el ahorro de una economía se mantiene constante, con lo que la igualdad entre ahorro en inversión se mantienen. Pero cuando se crea nuevo dinero y nuevo crédito bancario destinado a algún proyecto de inversión es cuando la inversión aumenta sin ningún incremento correspondiente de ahorro genuino. En resumen, cuando la inversión excede al ahorro genuino, es porque estamos en un periodo de inflación, y al contrario, en los periodos en los que las burbujas explotan, se descoordina la estructura de capital de la economía y se liquidan activos (a causa de las expansiones artificiales de crédito por parte del Banco Central y la banca privada) la oferta de dinero se contrae y el ahorro genuino excede a la inversión, estamos en un periodo de deflación. En palabras de Henry Hazlitt: Toda la política keynesiana consiste en impedir, a toda costa, cualquier deflación (o que la economía se recupere después de la crisis provocada por la expansión artificial de crédito), y en buscar toda posibilidad de inflación permanente (provocar deliberadamente las crisis económicas distorsionando el sistema de precios en los mercados, en especial el del precio del tiempo o tasa de interés).
3. Producción indirecta:
Se repite la crítica que Marshall hace a Bawerk sobre la relación entre los procesos productivos largos y su productividad física. Primero, que no es que cierto que mientras un proceso productivo sea largo, se tenga garantizado “per se”, mayor productividad, sino que “es la expectativa de una mayor productividad (en valor) de ciertos procesos más largos o indirectos de producción lo que induce a los fabricantes a emprenderlos” (Hazlitt); y segundo, que lo que importa en economía no es la productividad física, sino el valor de dicha productividad.
4. Abundancia Ilimitada:
Las secciones III y IV del capítulo 16 demuestran la ignorancia de Keynes y sus aspiraciones utópicas en relación al problema central de la economía: la escasez.
Según Keynes, sería relativamente fácil hacer abundantes los bienes de capital mediante acción del Estado, de tal manera que la eficacia marginal del capital llegase a cero. Aunque claro, lo que Keynes no se preguntó, más allá de su razonamiento utópico, fue que si los bienes de capital fuesen tan abundantes que la eficacia marginal del capital llegase a cero, el valor de cambio de tales bienes de capital serían también cero que entrarían en la categoría de los bienes libres como el aire u otros bienes abundantes como el agua, con lo que su coste de producción, entre los que se encuentra el empleo, necesariamente tendría que ser nulo, es decir, que ante tal abundancia de capital, quienes se dediquen a producirlo, tendrían que hacerlo de manera gratuita. Son pamplinas por tanto, cuando Keynes afirma que esto (coste de los bienes de capital nulo) podría llegar a realizarse en una sola generación.
Si bien Keynes no se declaraba socialista ni comunista, tenía más puntos en común con ellos que con los que defienden las ideas de la Libertad, y esto por considerar que las intervenciones de los burócratas, ingenieros sociales y políticos sobre el mercado, nos podía llevar a las utopías soñadas por gente de izquierda, hacia un mundo donde un puñado de hombres controlasen las decisiones de millones y donde la escasez dejase de ser un problema, porque sería sencillo terminar con ella

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