Refutación de Keynes: Henry Hazlitt (3)

Cap. 3 Keynes, Contra la Ley de Say

Economistas como Benjamin M. Anderson (hijo), Von Mises o Ramón Rallo han demostrado también que la “refutación” keynesiana de la ley de salidas de Say, primero que no cita ningún pasaje del propio Say para refutarlo (John Stuart Mill) y segundo, que tergiversa la ley que Mill hace de la ley de salidas de Say porque no la cita (desde los escritos de Mill) de manera completa.

Primero recordemos que la ley de Say fue una refutación preliminar de que en las economías pueda darse una superproducción o sobreproducción general.

Lo que Keynes “refuta” es la doctrina de que la oferta crea su propia demanda, pero lo que no menciona es que dicha doctrina está basada en el supuesto de que exista un equilibrio adecuado entre las diferentes clases de producción y entre los precios de los diferentes bienes y servicios , dicho de otro modo, no puede haber una superproducción general ya que si se duplicase de manera generalizada la oferta de bienes y servicios, su respectiva demanda no absorbería el doble de oferta de todos los bienes y servicios disponibles en el mercado, pues como Say y Mill aclaran y que Keynes no menciona, es que habrán bienes y servicios demandados que más que se duplicarán y habrán bienes que no lo harán de manera proporcional a su oferta duplicada:

De la ley de salidas de Say tampoco se deduce (como pretendió Keynes) “que las depresiones y los paros fueran imposibles, y de que todo lo producido encontraría una salida fácil a un precio provechoso” (Hazlitt), simplemente era la negación de la posibilidad de una superproducción general de todos los bienes y servicios.

Si uno se sumerge en la historia del pensamiento económico, encontrará que fue Malthus, un siglo antes de Keynes (1820) quien intentó “refutar” la ley de salidas de Say, y fue replicado de manera devastadora por David Ricardo.

Por último, Keynes también “refuta” un “corolario de la misma doctrina” de la ley de salidas de Say, y es la idea de que el ahorro, al reducir el gasto, deprimirá la economía. Si bien un aumento del ahorro reduce el consumo, lo hace de manera temporal: las personas no ahorran sin propósitos ya definidos, y en ese sentido el ahorro puede ser visto como consumo retrasado, como consumo que se ha de realizar en el futuro, por lo que una disminución del consumo y posterior disminución de la producción son temporales; por otro lado, el ahorro en realidad es poder de compra presente que otros agentes (empresarios) usan para invertir en proyectos que consideren rentables en el futuro, proyectos que demandan tanto bienes de capital como factor humano para su realización. Pero lo particular de Keynes en este punto, son las siguientes contradicciones:

  • Que el ahorro e inversión son “necesariamente iguales”, y “simplemente aspectos diferentes de la misma cosa” (pág. 74).
  • Que el ahorro e inversión son “dos actividades esencialmente diferentes” sin siquiera un “nexo” (pág. 21), de forma que no solo el ahorro puede exceder a la inversión, sino que de manera crónica tiende a hacerlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s