Refutación a Keynes, por Henry Hazlitt (21)

Capítulo XXI – Dinero y Precios

  • Los costes no son precios

La Teoría de Precios de Keynes, no trata ni de precios individuales ni de utilidades marginales relativas entre sí; para el inglés, “el nivel general de precios depende, en parte, de la tasa de remuneración de los factores de producción que entran en el coste marginal y, en parte, de la escala de la producción en su conjunto, esto es, (considerados como dados el equipo y la técnica), del volumen de empleo” (pág. 294). En palabras de Hazlitt: el “nivel general de precios” es explicado por las “tasas” de remuneración y por los “costes marginales”, pero los tipos de salario y los costes no se explican en absoluto. Se dan simplemente por supuestos.

Si reflexionamos más, los tipos de salario y los costes son también precios, precios que quedan inexplicados en la “Teoría de Precios” tan alejada de la realidad de Keynes. Los tipos de salario son el precio de una hora adicional de trabajo, así como los costes marginales son el precio de una unidad adicional de materias primas, etc. Y es que la “Teoría de Precios” de Keynes, en esencia, no es más que un refrito de la teoría ricardiana de los precios basada en el coste de producción, ya superada por la Revolución Marginalista, particularmente por la Teoría de Precios de Carl Menger.

Pero volviendo al tema, luego de la exposición de la “Teoría de Precios” de Keynes, éste se dedica a explicar por qué el “nivel de precios” (o promedio de todos los precios) se eleva  y desciende. Y lo que hace que el “nivel de precios”, por ejemplo, se eleve, no es más que el aumento de la oferta de dinero, que, además, es lo que eleva la “demanda efectiva”.

  • La teoría positiva del dinero

Que el “nivel de precios” se eleve o descienda de acuerdo a los aumentos o disminuciones de la oferta de dinero nos lleva directo a la teoría cuantitativa del dinero, que, si bien Keynes criticaba, llega mediante a ella mediante el siguiente rodeo: si lo que eleva o disminuye el “nivel de precios” son los aumentos o disminuciones de la “demanda efectiva”, el efecto primario de una variación de la cantidad de dinero sobre el volumen de la demanda efectiva –nos dice- se produce a través de su influencia sobre el tipo de interés (pág. 298).

Y ese es el propósito de esta sección, puesto que la “Teoría de Precios” de Keynes, lleva implícita una Teoría del Dinero, se hace necesario compararla con otra, según la cual, quien les escribe, se siente más identificado. Si bien he tenido la suerte de presenciar los avances de la Teoría del Dinero presentada por Hazlitt, sin duda la que él presenta, es muy avanzada para su tiempo, en comparación de la que salió de la pluma de Keynes. Eso sin duda. Las obras que Hazlitt destaca como formadoras de su conocimiento en teoría monetaria son las de Benjamin M. Anderson, en The Value of Money (1917, 1934), y la de Ludwig von Mises en The Theory of Money and Credit (ed. Inglesa 1934).

La diferencia entre la Teoría Cuantitativa y la que podríamos llamar como Teoría Cualitativa del Dinero, reside fundamentalmente en que los teóricos cualitativos del dinero, si bien aceptan que el valor del dinero responde a variaciones en la oferta de dinero, con todas las salvedades que hacen, tanto más importante son los cambios en la demanda de dinero, y, por tanto, tanto la cantidad de dinero como la calidad de dinero son determinantes del valor del dinero, no solamente la cantidad de dinero como defiende la Teoría Cuantitativa. En palabras de Hazlitt: el valor de la unidad monetaria no está determinado simplemente por la cantidad de dinero sino por la calidad de ese dinero.

  • ¿Qué clase de teoría de precios?

En resumen, la “Teoría de Precios” de Keynes omite todo análisis de explicación de: 1) lo que determina cualquier precio en particular (p.ej., el precio del pan), y de 2) lo que determina la relación de los precios individuales entre sí

  • Otra digresión sobre economía matemática

Es sorprendente cuando Keynes escribe que “una proporción demasiado grande de la economía “matemática” reciente consiste en puras maquinaciones, tan imprecisas como los supuestos iniciales en que se apoyan aquellas, y que permiten que el autor pierda de vista las complejidades e interdependencias del mundo real en un laberinto de símbolos pretenciosos e inútiles” (pág. 298). Quienes también fueron capaces de decir algo acerca de la “economía matemática” fueron Alfred Marshall y la elasticidad, Irving Fisher y las limitaciones del método algebraico, o Frank H. Knigth y las limitaciones de hacer estimaciones o cálculos de las elasticidades para cualquier periodo real, y eso porque las condiciones tanto de oferta como de demanda no permanecen nunca realmente constantes. Pero como dicen, lo que se puede escribir con la mano, se borra con el codo, Keynes olvida que la economía es compleja e interdependiente y que los símbolos son pretenciosos e inútiles para decir que: Sin embargo, si tenemos todos los hechos ante nosotros, dispondremos de suficientes ecuaciones simultáneas para obtener un resultado determinado (pág. 299). Por supuesto que el lector es libre de sacar sus propias conclusiones en torno a esta contradicción.

  • La “elasticidad” de la demanda no puede medirse

Y no puede medirse porque en el mundo real no se puede saber, a ciencia cierta, si una variación en el precio causó una variación en la cantidad demandada u ofertada o si la cantidad demandada u ofertada varió porque la propia curva de demanda u oferta se había desplazado. Que no se entienda con esto, que las leyes económicas de oferta y demanda quedan en indeterminación o que variaciones en los precios no tengan efectos sobre la oferta o la demanda. Lo que se recalca en esta sección es que usar método matemático de manera mecánica y acrítica, sin un entendimiento adecuado de sus limitaciones, esto es, con la creencia de que el método científico en economía es el positivista, propio de las ciencias naturales como la física, hace que perdamos de vista que la economía trata de agentes económicos con intenciones, deseos, y aspiraciones diversas, generando así, ordenes espontáneos tan complejos, de manera que es imposible que encajen en modelos matemáticos para predecir comportamientos futuros y determinísticos.

  • Tipos de salario sacrosantos y tipos de interés pecaminosos

A terminar el capítulo 21, Keynes se empeña en pretender demostrar que 1) sería peligroso reducir los tipos de salario, y 2) que sería beneficioso reducir los tipos de interés. Algunas confusiones, como ya es habitual en Keynes son, que por ejemplo: la unidad de salario (o precio medio medido en dinero) es el patrón esencial del valor… si, a la manera de Marx, ya que ambos comparten una teoría del valor objetiva y por esto, que no tiene en cuenta que el valor es subjetivo, que no se encuentra intrínseco en nada, sino que viene determinado por la utilidad que los propios agentes económicos le asignan. Así como Marx consideraba que el “patrón esencial de valor” de una mercancía depende del “trabajo socialmente necesario para producirla”, para Keynes dependerá del precio medio en dólares de una hora de trabajo “ordinario”. Al final, es el propio lector quien tiene que decidir la Teoría del Valor que más le parezca. Quien les escribe, comparte totalmente con Menger que “el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su  bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia”. Carl Menger, Principios de Economía Política

  • Inflación monetaria con preferencia a los ajustes de salario

La receta para que termine el paro para Keynes, es simple: que el paro debiera remediarse siempre con inflación monetaria, y nunca permitiendo que se ajusten; nunca se pregunta si la causa del paro se debe a los salarios en desequilibrio, esto eso, por encima de su productividad marginal. No se trata de reducir uniformemente todos los tipos de salario, pero así es como se entiende cuando se tienen conceptos como el “nivel de salarios” de la economía. Al fin y al cabo, el paro en las economías no se encuentran en todos los sectores de la misma sino que están presentes en sectores específicos. Y es que entender lo complejo de la economía a partir de agregados estadísticos conduce a ese tipo de errores. Las variables de una economía de libre competencia no responden todas conjuntamente en forma de bloque: eso corresponde a economías intervenidas y totalitarias, donde desde arriba, ingenieros sociales como Keynes, contribuyen a que así sea.

  • Esos prestamistas arbitrarios

Si el marxismo culpaba al empresario, al capitalista malvado que extraía “valor que no le pertenecía”, el keynesianismo señala que los prestamistas son los malvados de la película, los responsables del paro, y por tanto, es deber del gobierno castigarlos para permitir el pleno empleo. En palabras de Keynes: Lo agudo y lo peculiar de nuestro problema contemporáneo nace, por consiguiente, de la posibilidad de que el tipo de interés que permitiría un razonable nivel de empleo sea tan inaceptable para los poseedores de riqueza, que no pueda ser establecido de manera fácil, simplemente con manipular la cantidad de dinero… Pero el elemento más estable y el menos fácil de desplazar en nuestra economía contemporánea ha sido hasta ahora, y puede volver a serlo en el futuro, el tipo mínimo de interés aceptable para la generalidad de los poseedores de riqueza. (Itálicas de Hazlitt, págs.. 308-309)

Cada vez se hace más evidente de que su Teoría General no tiene nada de científico, esto por las falacias, contradicciones, prejuicios y pedantería que refleja. Entender la economía como lo hacen los keynesianos, es decir, concibiéndola como una maquina perfectamente regulable a través de variables “agregadas”, y creer que con políticas inflacionistas se puede solucionar el paro, encaja perfectamente en los estándares de ingenieros sociales, pero para los economistas de verdad, consideramos que la Teoría General es un verdadero fiasco, perfectamente diseñado para la casta política y su funcional ejercito de “economistas” de Estado.

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