Refutación a Keynes, por Henry Hazlitt (23)

Capítulo XXIII – ¿Retorno al mercantilismo?

  • “Que las mercancías sean nacionales”

Este es de los capítulos donde más claramente se expone que las ideas de Keynes tienen fuerte arraigo en el pensamiento preclásico del siglo XVII. En este sentido, Keynes está a favor del proteccionismo, cuando antes de su conversión defendía el librecambio, aunque hacia el final de sus días vuelve a inclinarse al libre cambio.

Entre los efectos del proteccionismo, se encuentran:

  • Se entiende al comercio como un juego de suma cero, donde una nación “gana” a costa de la otra cuando intercambia cierto bien o servicio. En realidad, el intercambio no se hace entre naciones como entienden los mercantilistas, sino entre individuos que comercian entre si y que además lo hacen en beneficio mutuo, no por caridad ni por beneficiar a su “nación”, sino en beneficio propio.
  • Las políticas del proteccionismo fuerzan a sus propios consumidores a pagar más por los productos “nacionales” que por los que libremente ellos podrían elegir de los países vecinos extranjeros, esto por los impuestos a las importaciones que los gobiernos proteccionistas ponen a los productos que son considerados “amenaza” para los productores nacionales.
  • Reduce el comercio internacional y genera destrucción en la división internacional del trabajo, lo que puede deducirse de la política mercantilista: que la nación exporte lo máximo posible e importe lo mínimo, es decir, autarquía.
  • Breve glosa a algunos comentarios de Keynes

Keynes es afín a las ideas mercantilistas por sus primitivas intuiciones acerca de lo que trata la economía, es decir, que su pensamiento en materia económica, como ya lo dijo Haziltt, es la del hombre de calle, no la del economista estudioso y que critica fundamentos en lugar de descalificar sus ideas con usando falacias como las que están plagadas por todo su libro. El pensamiento económico queda encantado en las ideas mercantilistas como que el proteccionismo beneficia al mundo, o que una moneda envilecida es preferible a mantener una moneda sana, o que los tipos de interés altos son “usura” que beneficia a los malvados prestatarios, etc. a mi juicio, las ideas de Keynes podrían ser todo menos científicas.

  • Mercantilistas sabios y economistas estúpidos

El uso recurrente de falacias, en lugar de usar argumentos consistentes para criticar a los economistas clásicos[1] por un lado, y los prejuicios vertidos en contra de los mercados libres, lo llevan a la conclusión de que las ideas mercantilistas, combinadas con su aplicación por parte de burócratas gubernamentales, son la nueva religión, la estatolatría que todas las naciones deben seguir; de lo contrario, el sentido común, y la cooperación de los malvados prestatarios, los estúpidos consumidores y empresarios van a ocasionarle al mundo repetitivas crisis.

En palabras de Hazlitt: !Si cada nación sigue una política nacionalista, sin preocuparse de los efectos de esta sobre otras naciones, si cada nación trata de hacer máximas sus exportaciones y de hacer mínimas ‘o incluso prohibir sus importaciones, el volumen del comercio internacional será mayor que nunca! Si los burócratas se apoderan de nuestros ahorros y nos prohíben invertir nuestros propios fondos por temor a que nos hagamos un lio con ellos, esos burócratas tendrán la omnisciencia necesaria para saber exactamente cuándo invertir y donde, cuanto colocar exactamente en cada iniciativa, y exactamente cuáles de estas tendrán éxito y cuales no; y todos nosotros viviremos permanentemente en un paraíso económico perfectamente regulado.

  • La religión de los controles gubernamentales

Keynes se considera una suerte de iluminado, pues considera que tiene el conocimiento disperso de millones de agentes económicos como para saber mejor que ellos mismos dónde invertir, cuánto invertir, qué consumir y en que medida; por otro lado, también considera necesario reducir los tipos de interés[2] mediante leyes a niveles “socialmente convenientes”.

Los encargados moralmente indicados para llevar los tipos de interés a niveles “justos” son el propio Keynes y sus aliados los burócratas, a diferencia de los miles de prestamistas y prestatarios que interactúan en el mercado.

  • Canonización de los maniáticos

Es la canonización de inflacionistas como Silvio Gesell y su “gran” idea para desincentivar el ahorro e incentivar el gasto, y eso a través de su teoría monetaria de oxidación, donde el dinero pierde su valor paulatinamente y por tanto, no es atesorable (es decir, que se impide ahorrar para emergencias, o por la incertidumbre que pueda haber con la economía)

  • Mandeville, Malthus y los avaros

Keynes se apoya de un escrito de Bernard Mandeville[3], donde se argumenta que la prosperidad aumenta con el gasto y la vida lujosa, y se reduce con la austeridad, la prudencia y el ahorro; en su defensa de políticas de gasto estatal, también se hace eco de Malthus y su argumento de que la insuficiencia de demanda efectiva ocupa un lugar definido como explicación científica del paro. La teoría del subconsumo, retomada por Keynes, no ve que el crecimiento económico depende de la inversión principalmente, lo que se logra con capital, y que a su vez es producto del ahorro acumulado en el tiempo. En definitiva, el capitalismo depende del ahorro, y una reducción en la demanda de bienes de consumo no produce necesariamente una desaceleración de crecimiento.

  • La aportación de Mill

La primera que apunta Hazlitt es el teorema fundamental de que la demanda de mercancías no equivale a la demanda de trabajo, esto si se entiende la demanda de trabajo como elevación de salarios o aumento del número de trabajadores. Dicho de otra manera, la demanda de bienes de capital es la que posteriormente permitirá elevar los tipos de salario[4] y/o elevará el número de trabajadores empleados pues estos serán los que producirán más, a partir de las nuevas inversiones generadas por la demanda de los bienes de capital: más demanda de bienes de consumo no eleva los tipo de salario porque no es un gasto que no hace nada que eleve la productividad, si bien es cierto que podría incrementar el número de trabajadores empleados, la gran diferencia de demandar bienes de capital es que con ello se eleva la productividad marginal del trabajo, algo que no sucede si se demandan bienes de consumo.

El siguiente ensayo, “” es una estaca clavada en lo profundo del corazón de los keynesianos, aquellos que tanto se empecinan a predicar la importancia “del consumo”, tanto para “reactivar” o “librarnos” de recesiones que son causadas por sus ideas inflacionistas y provocadoras de los ciclos económicos.

Sobre la importancia que los escritores preclásicos atribuían al consumo, Mill responde: “La persona que ahorra no es manos consumidora que aquella que lo gasta: lo consume de una forma diferente; proporciona alimentos y vestidos para ser consumidos y herramientas y materiales para ser utilizados por los trabajadores”

Sobre las consecuencias de fomentar el consumo por parte del gobierno, Mill responde: “el efecto usual de los intentos por parte del gobierno de fomentar el consumo es simplemente el de impedir el ahorro, es decir, promover el consumo improductivo a expensas del reproductivo, y disminuir la riqueza nacional con los propios medios con que se pretendía incrementarla. Lo que una país necesita para hacerse rico no es nunca el consumo sino la producción. Cuando se da ésta última, podemos estar seguros de que el primero no falta. Producir implica que el productor desea consumir; porque, si no, habría de entregarse a un trabajo inútil? Puede no desear consumir lo que el mismo produce, pero el motivo de que produzca y venda es su deseo de comprar. Por consiguiente, si generalmente los productores producen y venden cada vez más, ciertamente compran también cada vez mas.”

El segundo aporte de Mill[5], según Hazlitt, es su anticipado razonamiento de los efectos inflacionistas de un auge permanente que defiende Keynes en su capítulo que ya estudiamos sobre los ciclos económicos.

El tercer y cuarto aporte de Mill tratan sobre la preferencia por la liquidez y la aclaración de la Ley de Say, porque si recordamos, Keynes fue tramposo al desarrollarla porque la hizo de modo incompleto y caricaturizado, lo que es característico de sus audaces “refutaciones”. Éstas últimas se aprecian mejor de primera mano, es decir, acudiendo a la obra de Hazlitt.

  • J. A. Hobson y el mayor Douglas

Puesto que el formato que tiene la obra de Hazlitt está orientado a refutar falacia tras falacia de Keynes, esta sección trata de refutar a J.A. Hobson, que al igual que Malthus, intenta desvirtuar las virtudes y beneficios del ahorro con supuestos totalmente irreales, a saber, “que la austeridad ilimitada, había sido un pecado imperdonable”.

También presente, el mayor Douglas, teorías del subconsumo del mayor, entre las cuales, Keynes, la considera de la más famosa y herética dentro de las mismas; sin embargo, la embarca en el terreno de la mixtificación por el simple hecho de su particular teorema, mismo que encarna la expresión algebraica de un teorema suyo del tipo A+B… Keynes no se preguntó, acaso, la similitud de sus propias expresiones algebraicas, mismas que tampoco explican causalidad sino que, para un matemático entrenado (palabras de Hazlitt), es sencillo que las mismas encarnen causas como efectos? Es decir, enredadera por usar lisa y llanamente expresiones matemáticas que no conoce Keynes del profundo de las implicaciones que puedan tener? En definitiva, como también resalta Rallo, en su obra “Los Errores de la Vieja Economía”, entre las cuestiones que explican un posible reavivamiento de los postulados Keynesianos se encuentra el cientificismo, esto es, que se abuse sin una comprensión verdaderamente profunda de las matemáticas y los encajes que le son compatibles con la ciencia, pongámoslo en estos términos, de la acción humana, es decir, de que el arco maisntream sea cómplice de revivir las falacias keynesianas por ser éstas compatibles con su metodología científica positivista, que, en el fondo es un calco que no calza con el objeto de estudio de las ciencias sociales, y recalco para todo odio positivista: que los agentes económicos NO SON objeto de estudio que se asemeje a los objetos de estudio de las CIENCIA NATURALES O LAS CIENCIAS FÍSICAS?


[1] Como Adam Smith, Ricardo, John Stuart Mill, Bastiat, Bastable o Taussig en lugar del minúsculo circulo de la Escuela de Cambridge a quienes considera los arquetipos de la Escuela Clásica.

[2] Léase expandir artificialmente el crédito y los efectos que eso conlleva: inflación, burbujas de activos y descoordinación de la estructura de capital de la economía.

[3] La Fábula de Las Abejas: o, Vicios Privados, Beneficios Públicos2

[4] Por incrementos en la productividad marginal del trabajo

[5] Se aprecia mejor en el presente capítulo del propio libro de Hazlitt.

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