Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (10)

Capítulo 10 – Las promesas de La acción humana

En 1949, el departamento de publicidad de la Yale University Press quedaba sorprendida por las rápidas ventas de La Acción Humana, obra que apareció en medio de agitaciones ideológicas y políticas; Estados Unidos encontró un enemigo exterior, el socialismo, para seguir sosteniendo la planificación económica de la segunda guerra mundial: lo curioso es que “empezaba a luchar contra el socialismo en el exterior, imponiéndolo en el interior”[1]. La vieja idea de la sociedad liberal había desaparecido ya en Estados Unidos hace más de 50 años desde el momento en que el departamento de publicidad de la Yale University Press quedaba sorprendida por las rápidas ventas de La Acción Humana; la teoría socialista enamoraba a los economistas estadounidenses, en la universidad se educaba para que se creyera que FDR[2] y la Segunda Guerra Mundial los habían salvado de la Depresión.

Lo que caracteriza a La Acción Humana es su atemporalidad, la integración completa de filosofía, análisis político y teoría económica; también cabe rescatar el valor intelectual y la convicción que tuvo para sentarse a escribir cuando siendo ya mayor estaba lejos de su país, sin lugar fijo donde vivir y rodeado de “economistas” más proclives a estatizar y regular la economía en función del gobierno de turno.

La idea central del tratado de Mises, según Rockwell, es que “la realidad impone limites a lo expansiva que puede ser nuestra idea del gobierno. Podemos soñar todo lo que queramos con las glorias de una sociedad sin libertad, pero no importa lo impresionante que sea el plan sobre el papel, no pueden alcanzarse en el mundo real porque el comportamiento economizador requiere, esencialmente, propiedad privada, que es la base institucional de la civilización. El gobierno es el enemigo de la propiedad privada y por esa razón se convierte en el enemigo de la civilización cuando trata de llevar a cabo todo lo que no sean sus funciones más estrictas. E incluso en este caso, dice Mises, si es posible permitir a los ciudadanos una libertad completa del estado, debería hacerse así”[3].

Es un error creer que el servicio público implica sacrificio voluntario de los intereses del burócrata gubernamental por el “bien común”: no puede llamarse sacrificio voluntario si se financia con los recursos de terceros en forma de impuestos o deuda futura, y sencillamente es mentira que se lo realce por el “bien común”, puesto que nadie, a excepción de uno mismo, conoce lo que le hace bien, o por ejemplo cuáles son sus objetivos de vida, sus sueños, sus planes vitales. Es mentira cuando los burócratas gubernamentales dicen que luchan por el “bien común” o por “la justicia social”[4].

También es un error creer que los empresarios, los emprededores o los comerciantes solamente lucran con la actividad que realizan. Si estos actores tienen éxito en el mercado, será porque antes lograron satisfacer una necesidad, es decir, lograron vender algo que la gente necesitaba, por tanto, su “éxito”, su “lucro”, es porque antes se encargaron de satisfacer una necesidad, una demanda latente en el mercado, y eso no tiene nada de inmoral ni tiene porque satanizarse.

Pero retomando la idea central del capítulo, La Acción Humana, además de ser un aporte extraordinario a las ciencias sociales, son el resultado de la firme convicción de que las ideas, y sólo las ideas, pueden producir un cambio en el rumbo de la historia.

“Los seguidores intelectuales de Mises en nuestro tiempo muestran estos rasgos y nos inspiran todos los días con su aproximación innovadora, ejemplar y radical para rehacer el mundo de las ideas. En su trabajo para el Quarterly Journal of Austrian Economics[5], en sus libros y en su enseñanza vemos cumplidos los ideales de Mises”[6].


[1] Página 127

[2] https://mises.org/library/truth-about-fdr

[3] Página 132

[4] http://www.hacer.org/pdf/rev36_hayek.pdf

O también https://youtu.be/GAJiXvDlDgE

[5] https://qjae.scholasticahq.com/

[6] Página 134

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