Historia de las doctrinas monetarias – Dr. Juan Ramón Rallo Julián (1)

 

LECCIÓN I – EL ANÁLISIS ESCOLÁSTICO DE LAS MUTACIONES MONETARIAS Y DE LOS TIPOS DE INTERÉS

Antecedentes: el sistema monetario medieval

Baja Edad Media y primera parte de la Edad Moderna

Su sistema monetario se organizaba de la siguiente manera

Tomando como ejemplo a Inglaterra

1 libra = 20 chelines = 240 peniques

La unidad de cuenta era la libra, no poseía materialización en forma de medios de pago o monedas, a diferencia de los chelines y peniques que estaban expresados en gramos de plata equivalentes a la libra:

1 libra = 373,2 gramos de plata

1 onza inglesa (troy) = 31,1 gramos de plata

20 chelines = 240 peniques = 12 onzas inglesas = 373,2 gramos de plata

Si bien al principio así era, con el paso de los años, el contenido metálico de los chelines y de los peniques se fue perdiendo (tanto por los rascados privados como por el envilecimiento regio), pero su valor nominal, la libra, se mantuvo. Es decir, que la agregación de los 20 chelines o los 240 peniques ya no contenían los 5400 granos de plata pero nominalmente, sí. “La unidad de cuenta formal, pues, dejaron de ser los granos de plata (masa de plata) y pasó a serlo una unidad imaginaria sin contenido material específico”[1].

Este sistema hacía que las monedas tuvieran transitoriamente su valor nominal y un valor real.

Antes cabe decir que el oro y la plata no amonedados se vendían en el mercado y cotizaban a un precio en libras, chelines o peniques, precio que podía ser mayor o menor al valor en que esa masa de oro o plata podía ser acuñada en las cecas o casas de acuñación.

Pongamos este ejemplo supersimplificado: 1 stone de plata (unidad de masa que equivale a 6350 gramos de plata) se intercambia por 17 libras de plata (cada una con un peso de 373.2), estando el valor nominal de cada libra fijado en 20 chelines (de modo que las 17 libras tendrán un valor de 340 chelines. Así las cosas, el valor 6350 gramos de plata será igual a 340 chelines. Es decir, que en condiciones normales, los 6350 gramos de plata para su acuñación, costaría 340 chelines. 

Resumido sería:

373.2 gramos de plata (masa) = 1 libra de plata (nombre de la moneda) = 20 chelines (valor nominal de la moneda o masa de plata) =  373.2 gramos de plata

Yo creo que nadie pagaría una libra de plata para comprar 373 gramos de plata, y esto porque si refunde la libra obtendría 373.2 gramos de plata; mucho menos se vendería 374 gramos de plata a una libra, y esto porque acudiendo a la casa de acuñación, convertiría 373.2 gramos de plata en una libra[2]. La cuestión era lo que ocurría si la identidad se quebraba.

Como ocurría en aquel tiempo, cuando el Príncipe reducía el contenido metálico de cada libra en su poder a la mitad, por ejemplo, es decir, a 186.6 gramos de plata sin modificar su valor nominal (20 chelines), el precio de mercado de 373,2 gramos de plata subía a 40 chelines, pero no sólo subía el precio de la plata, sino que la suba se extendía al resto de los precios de bienes y servicios de la economía[3]. Cuando la moneda mala (la del Príncipe) se mezclaba con la buena (la del mercado), lo que ocurría era el atesoramiento de la moneda buena[4] y el desprendimiento (en intercambios) de la moneda mala[5]. Sin la imposición legal del Principe de querer hacer pasar 20 chelines las monedas que deberían valer 40 (es decir, de hacer pasar 186.6 gramos de plata lo que son 373.2 gramos de plata), ambas monedas podrían circular con absoluta fluidez ya que la gente utilizaría dos libras envilecidas o una no envilecida para abonar un precio de 40 chelines.

Las mutaciones monetarias

Las distintas alteraciones[6] a las que podía verse sometida la moneda en aquellos tiempos eran las siguientes:

  • Debilitamiento de la moneda: es la rebaja del contenido metálico de la moneda manteniendo su valor nominal. Si por ejemplo una libra son 20 chelines porque contienen 373,2 gramos de plata, basta con rebajar su contenido metálico a la mitad manteniendo su valor nominal, es decir, que cada chelín, en lugar de comprar 18,61 gramos de plata (la venteaba parte de la libra de plata), ahora tenga el poder de compra de 9,31 gramos de plata. El debilitamiento de la moneda es una estafa y un robo, porque “lo que está sucediendo es que el Príncipe se está apropiando físicamente de parte del contenido metálico de las monedas que le entregan sus súbditos”[7].
  • Aumentos de la moneda: es el incremento nominal de la moneda, de manera que la misma cantidad de metal represente más unidades abstractas de cuenta que antes. Como cuando los 20 chelines mantienen su contenido metálico en 373,2 gramos de plata pero su valor nominal sube de 20 a 40 chelines. En lugar de debilitar la moneda, debilita su valor nominal, con lo que el precio del oro en chelines aumenta o, visto desde el otro lado, el precio de los chelines en oro se redujo, abaratando en términos de oro todos los precios de bienes y activos nominados en chelines. El aumento de la moneda vendría a ser el equivalente a una depreciación de la moneda.  
  • Disminuciones de la moneda: es rebajar el valor nominal de una moneda. Tomando el ejemplo anterior, es cuando los 20 chelines, con 373,2 gramos de plata, se convierten en 10 chelines. Su equivalente moderno sería la apreciación de la divisa. 

Las consecuencias de las mutaciones monetarias

Cuando es un debilitamiento o aumento de la moneda, se reduce el valor del dinero; si es un fortalecimiento o disminución, se incrementa el valor del dinero[8]. Si bien la consecuencia de una reducción (o inflación) del valor del dinero será un alza de precios, y la de un incremento (o deflación) en su valor, una reducción,  tales efectos, sólo se dejarán sentir de manera tardía, primero porque, ante cuando los agentes se formen expectativas, el efecto inicial será el contrario. Si por ejemplo, los agentes se forman la expectativa de que el valor de dinero se reducirá en el corto plazo, atesorarán su dinero a la espera que se materialicen las nuevas elevaciones del valor nominal, “lo que provocará una caída temporal de los precios hasta que el dinero sea desatesorado y gastado”; si por el contrario esperan que el valor del dinero aumente, “lo razonable será desprenderse tan rápido como sea posible de una moneda cuyo valor nominal se va seguir minorando, lo cual provocará un repunte de los gastos y un aumento temporal de los precios”.

También cabe mencionar que el efecto de una reducción o incremento del valor del dinero, no provocará el aumento o la reducción de todos los precios a la vez ni tampoco será inmediato su aumento o reducción, “sino que estos efectos se irán materializando en el conjunto de la economía conforme las monedas debilitadas/aumentadas o fortalecidas/disminuidas se vayan intercambiando por bienes y activos”[9]. Como Rallo expondrá más adelante, el valor del dinero se explica mejor por factores cualitativos que por cuantitativos, es decir, más por la calidad del dinero que por su cantidad.

Otra consecuencia del aumento/disminución o debilitamiento[10] de la moneda era la entrada/salida de oro. En el primer caso, porque los aumentos de la moneda (en tanto no se verificaba el aumento de los precios internos) otorgaba al oro extranjero un mayor poder adquisitivo; en el segundo caso, por el menor poder adquisitivo que se les reconoce dentro de las fronteras.

Por último, los aumentos y las disminuciones también surtían efecto sobre los tipos de interés. Cuando los prestamistas anticipaban que los aumentos de la moneda incrementarían los precios, demandaban tipos de interés más altos para cubrirse de esa pérdida de poder adquisitivo; por otro lado, cuando anticipaban que la disminución de la moneda tendría efecto sobre el precio de los bienes y servicios, se conformaban a aceptar tipos de interés más reducidos. Es decir, “aumentos de la moneda tenderán a incrementar los tipos de interés, y las reducciones a minorarlos”[11].

Combinando los tres efectos anteriores “seremos capaces de comprender una de las principales dinámicas del sistema monetario medieval: los ciclos de debilitamiento, disminución y aumento de la moneda”[12]. Veamos:

Cuando el Príncipe debilitaba la moneda, los precios y los tipos de interés tendían a subir; para contrarrestar la escalada inflacionista, el monarca reducía el valor nominal de las monedas (deflación), es decir, se intentaba contrarrestar una política inflacionista (debilitamiento de la moneda) con una deflacionista (disminución de la moneda); luego, su política deflacionista provocaba la exportación del oro y la plata y la reducción de los tipos de interés nominales; la reducción de los tipos de interés y el abaratamiento de los precios de la disminución de la moneda, inducían al Príncipe a sobreendeudarse para “políticas de estímulo de la demanda”, pero el sobreendeudamiento, sumado la reducción nominal de los ingresos fiscales (fruto de la deflación interna de precios y rentas) hacían que se vea incapacitado a hacer frente a sus pasivos (sobreendeudamiento), con lo que terminaba aumentando el valor de la moneda (depreciación de la moneda), esto último para licuar sus pasivos[13]. Por consiguiente, el oro y la plata que salieron volverán a entrar (por la depreciación) y la recaudación por la inflación de precios y rentas, también aumentará.

La ilegitimidad de las mutaciones monetarias

Más allá de los efectos de las mutaciones monetarias, el problema de fondo se encontraba en que el envilecimiento de la moneda (sea por el debilitamiento como por el aumento de la moneda) constituía un robo por parte del Príncipe.

El interés y el papel del crédito[14]

Algo clave en la organización medieval del crédito es la prohibición canónica de la usura, y esto sobre todo por la influencia aristotélica de que el dinero es estéril y de que por sí solo no puede generar rendimiento alguno, por mucho que los escolásticos tenían conciencia de que usando capital prestado era posible acometer inversiones que fueran fructíferas y generadoras de rendimientos.

“Habremos de esperar hasta el siglo XVIII para que Turgot (a quien estudiaremos en la lección tercera) ponga de manifiesto los errores fundamentales de la doctrina escolástica sobre los tipos de interés: a saber, que el dinero, empleado como capital, no es estéril sino productivo; que la intermediación financiera es un uso tan legítimo y productivo del capital como todos los demás; que mantener saldos de tesorería no es dejar sin uso al dinero sino emplearlo en blindarse frente a futuras contingencias imprevistas; y que, precisamente para compensar al capitalista por el coste de oportunidad que supone prestar a terceros el capital y posponer o arriesgar su gasto (incluyendo como gasto el mantenerlo atesorado en forma de dinero o de mercancías), es lícito cobrar intereses. En el fondo, y como ya narraremos con Turgot, el interés es un precio por el tiempo ajeno que empleamos en nuestros planes productivos…”[15].

Por último, está la opinión de los escolásticos[16] sobre la actividad bancaria era aceptable en tanto en cuanto se guíen por la Regla de Oro de la banca, donde los bancos tienen que estar calzados en plazos y riesgos de los préstamos que extiendan y las deudas que asuman.

Por lo pronto, lo que rescato son una especie de tres pilares funamentales:

  • Lo inmoral del ROBO por medio de impuestos (o envilecimiento de moneda)
  • Los efectos de tal hecho por parte de los que actualmente llaman “gobernantes”
  • El ciclo que desde la época estudiada me ha enseñando a profundizar los efectos del ciclo económico, causados, fundamentalmente por acción directa de los gobiernos, y que profundizaremos (CICLOS ECONÓMICOS) repasaremos en todo este trayecto en el que decidí embarcarme.

[1] Página 2

[2] Con lo que tendría un remanente de 0.8 gramos de plata (dejando de lado el costo de acuñación o señoriaje, y esto porque las casas de acuñación eran monopolio de los monarcas)

[3] Esto porque el valor real de los chelines se habrá depreciado debido a su menor contenido metálico.

[4] Esto porque, si el Príncipe no lo prohibiera, los agentes económicos optarían por refundir su moneda y así evitar una pérdida de valor porque obtendrían 40 chelines de sus 373.2 gramos de plata. 

[5] Es lo que se conoce como la Ley de Gresham, esto es, que la moneda mala expulsa a la buena.

[6] Para un estudio en profundidad de este aspecto:

[7] Página 4

[8] Los determinantes del valor del dinero se verán en la lección 6

[9] Página 6

[10] La salida por debilitamiento se daba porque la posibilidad de refundir el oro en el extranjero y de esta forma, “cubrirse” de la pérdida de poder adquisitivo

[11] Página 7

[12] Página 8

[13] “Si por ejemplo el Príncipe contrajo deudas por 30.000 chelines cuando el florín cotizaba a 3 chelines (con lo que debía 10.000 florines al tipo de cambio), no tiene más que aumentar el valor nominal del florín a 10 chelines para ver reducida su deuda real a una tercera parte (aunque seguiría debiendo 30.000 chelines, podría amortizar esos pasivos apenas entregando 3.000 florines)”. Página 8

[14] Las obras Suma de tratos y contratos (1571) de Tomás de Mercado y Tratado sobre los cambios de Luis de Molina (1597) describen la organización crediticia del periodo

[15] Página 14

[16] De Tomás de Mercado y Luis de Molina, a diferencia de  Luis de Saravia de la Calle, que calificaba a todos los banqueros como logreros por cuanto sólo se dedicaban a descontar letras con fondos recibidos en depósitos, en lugar de guardar y custodiar esos depósitos.

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