Carl Menger – Principios de Economía Política (III)

CAPÍTULO III. LA TEORÍA DEL VALOR[1]

SOBRE LA ESENCIA Y EL ORIGEN DEL VALOR DE LOS BIENES

El valor es la significación que unos concretos bienes adquieren para nosotros una vez que somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades. La esencia del valor, por tanto, radica en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos, esto porque dependiendo de las circunstancias, la relación de los bienes con nuestras necesidades varía. Si una aldea se encuentra cerca de un arroyo lo suficientemente abundante como para satisfacer las diversas necesidades de la población, entonces el agua tendrá menor valor del que tendría si, por ejemplo, el caudal del arroyo se reduce hasta ya no poder satisfacer las diversas necesidades de la población[2].

En palabras de Menger: “Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar. La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia”[3].

LA MEDIDA MÁS PRIMORDIAL DEL VALOR DE LOS BIENES

Como dijimos, los bienes no tienen valor en sí mismos[4] sino en cuanto lo que consideramos pueda satisfacer nuestras necesidades, es decir, que el valor de los bienes es subjetivo y depende de la satisfacción que con él logren los agentes económicos, y es que de la satisfacción de nuestras necesidades dependen nuestra vida y nuestro bienestar[5]. Lo que a continuación veremos de manera más profunda de qué depende el mayor o menor valor que le atribuimos a las bienes que permiten satisfacer nuestras necesidades

  • Diferencias de la magnitud de la significación de cada una de las satisfacciones de necesidades (elemento subjetivo): las diferencias en la magnitud de la satisfacción de una necesidad concreta dependerá del tipo de necesidad, es decir, que las necesidades más importantes para los agentes económicos son las vitales en comparación con necesidades como las vacaciones, la formación cultural, los deportes, etc. Por ejemplo, entre comer cuando estás muriendo de hambre o comprar entradas para ver una exposición de arte, por lo general, los agentes económicos escogerán lo primera opción, y no porque sean incultos, sino porque nuestra vida y bienestar depende más del alimento, así como del vestido y el techo[6].
  • Dependencia entre unas determinadas satisfacciones de necesidades y unos bienes concretos (elemento objetivo ): una vez visto que los agentes económicos asignan una mayor importancia a sus necesidades vitales, veremos que, a mayor (menor) significación de nuestra satisfacción, mayor (menor) valor le daremos a determinado bien correspondiente.  

Por ejemplo, imaginemos que “un campesino aislado dispone, tras una abundante cosecha, de doscientos celemines de grano (o cinco sacos). Una parte (primer saco) de esta cantidad sirve para el mantenimiento de su vida y la de su familia hasta la próxima cosecha; otra (segundo saco) parte para la conservación de la salud, un tercera porción (tercer saco) le asegura la semilla necesaria para la siembra siguiente; una cuarta (cuarto saco) puede emplearla en la fabricación de cerveza, alcohol y otros fines placenteros, y una quinta (quinto saco) para el engorde de su ganado. […].  

Hay, pues, satisfacciones de necesidades de la máxima importancia, respecto de las cuales el campesino depende del grano que tiene en su poder. Con él asegura, en primer lugar, su vida y la de su familia; luego su salud y la de los suyos; a continuación el mantenimiento de su economía, es decir, una base importante de su bienestar permanente. Utiliza finalmente una parte de su grano para la satisfacción de algunos placeres”[7].

En vista de que el agente económico tiene cubiertas varias de sus necesidades, ¿qué pasaría si por algún evento perdiera uno de los cinco sacos que tiene disponible? Pues que normalmente tendría que sacrificar la necesidad relativamente menos importante, es decir, el saco empleado en la fabricación de cerveza, alcohol y otros fines placenteros[8]. De lo anterior deducimos que, “El valor de un bien concreto o de una determinada cantidad parcial de la masa total de bienes de que dispone un sujeto económico es igual a la significación que para el mencionado sujeto tiene la satisfacción de las necesidades menos importantes que puede alcanzarse con aquella cantidad parcial y todavía no está asegurada por la cantidad total”[9].

De ahí que los diamantes tengan un valor más elevado que el agua: porque las cantidades del primer bien, en relación a sus necesidades, tan sólo alcancen a cubrir las más importantes; en cambio, la cantidad del segundo bien, en relación a sus necesidades, alcanza a cubrirlas de manera plena y aún queda una cantidad abundante del mismo.

LAS LEYES QUE REGULAN EL VALOR DE LOS BIENES DE ORDEN SUPERIOR

  • El principio determinante del valor de los bienes de orden superior: una vez deducido que el valor de los bienes (de primer orden y orden inferior) se encuentran ligados a la significación de las necesidades que los agentes económicos estimen puedan satisfacer, es evidente que el valor de los bienes de orden superior se encuentra ligado al valor de los bienes de orden inferior o primer orden, y no al revés[10], y esto por la conexión causal que tienen respecto a su correspondiente satisfacción de necesidades que cumple. En este sentido, el valor de los bienes de orden superior se calcula en relación al valor previsible futuro de los bienes de órdenes inferiores a cuya producción los destinan real los agentes económicos, es decir, que la harina, el agua, la mano de obra y demás bienes necesarios para fabricar el pan encuentran su medida en el valor que tendrá el pan al finalizar su producción, es decir, en lo que estimen valdrá el pan en el futuro.
  • Sobre la productividad del capital: llamamos capital a la disposición presente de bienes económicos de orden superior; bien que, así como los bienes de primer orden, se constituyen en medios que contribuyen a mejorar –aunque de manera mucho más plena- su satisfacción de necesidades al ampliar los medios de consumo directo o de primer orden para el agente económico   
  • Sobre el valor de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior:  el valor de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior mas el valor de la correspondiente utilización del capital será igual al valor del bien de primer orden producido, es decir, suponiendo que el valor de un bien de primer orden al cabo de un año sea 100 y que el valor de la utilización de capital sea 10, el valor actual de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior para la fabricación del bien de primer orden será de 90. En palabras de Menger: “el valor que tienen de suyo y en el momento actual los elementos técnicos de la producción no es igual al valor total previsible del producto, sino que se regula siempre de tal modo que quede abierto un margen para el valor de la utilización del capital y de la actividad empresarial”[11].

[1] Para una comparación entre autores que la literatura económica denominó como “marginalistas” (entre ellos, Menger) y sus teorías del valor y el precio, léase: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/23_6_Cachanosky.pdf

[2] Si bien pueden ser ejemplos improbables, el uso de las circunstancias nos permiten identificar que el valor radica en la relación bienes-necesidades. Otro ejemplo sería comparar dos tipos de poblaciones, una que cuente con agua abundante y otra que no, donde se evidencia que el valor que los habitantes de la primera población le atribuyen al agua es menor que en la segunda, donde relativamente se le da mas valor.

[3] Página 95

[4] Es decir, que el valor no se encuentra en si mismo en la tierra, el trabajo o los metales preciosos, sino que depende del significado que le demos al momento de satisfacer nuestras distintas necesidades

[5] Sobre todo si se tratan de necesidades vitales como la ropa la comida o el techo.

[6] Tras haber tomado cantidades necesarias para la conservación de la vida y la salud, se consumen otras por mero placer

[7] Página 103-104

[8] Si le llegaran a faltar dos sacos, además de sacrificar sus placeres (cuarto saco), probablemente sacrificaría también su necesidad para el engorde de su ganado (quinto saco), y así sucesivamente.

[9] Página 112

[10] Si por alguna de las causas ya estudiadas, el valor de cierto bien (de primer orden) disminuye, disminuirán también el valor de los bienes de orden superior que contribuyeron a su transformación.

[11] Página 130

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