LECCIÓN 4 – LOS GRANDES DEBATES MONETARIOS EN LA INGLATERRA DEL SIGLO


Antecedentes

Cantillon y Smith dejaron claro a los economistas que un país era capaz de crear los medios de pago que necesitaba internamente en lugar de obsesionarse por acaparar en vano los metales preciosos como proponían los mercantilistas. Fue Smith quien en La Riqueza de las Naciones[1] estableció las directrices para la adecuada regulación de la creación de los medios de pago distintos del oro, lo que a partir de entonces se conoce como la Doctrina de las Letras Reales:

  • Que la cantidad de billetes en circulación no exceda la cantidad de oro a la que vienen a sustituir
  • Que los vencimientos de los activos descontados por los bancos permita hacer frente a las salidas de caja de esos bancos
  • Si es preferible un banco central o un sistema de banca libre

A partir de una serie de eventos es que surgen tres debates en torno a la Doctrina de las Letras Reales

  • La controversia bullionista: “debate sobre si la creación sostenible de pasivos bancarios exige que éstos sean convertibles en oro o si, por el contrario, basta con que los bancos se limiten a descontar aquellos pasivos reales que surjan de transacciones comerciales”[2]:
  • El debate entre la Escuela Monetaria y la Escuela Bancaria

La controversia bullionista

El sistema monetario medieval visto en la lección 1 siguió vigente durante el s. XIX. Junto a las monedas de oro circulaban los billetes del Banco de Inglaterra y los billetes de los bancos provinciales, mismos convertibles en oro, y sólo las monedas de oro eran la moneda de curso legal. Por otro lado, es importante mencionar que dichos bancos se dedicaban a emitir billetes para comprar deuda pública o privada.

Los efectos de la suspensión de la convertibilidad[3] en 1797 desato tres preguntas en relación a los fenómenos que comenzaron a surgir por la subida acelerada de precios:

¿Se han depreciado los pasivos del Banco de Inglaterra?

En torno a la controversia se presentaron tres posturas Los bullionistas radicales, para quienes la depreciación venía exclusivamente en la oferta de moneda; los bullionistas moderados, que además tomaban en cuenta la demanda de moneda; los antibullionistas, para quienes no existía depreciación sino que todos los bienes se habían vuelto más caros debido a su escasez por la guerra contra Francia. 

De las tres posturas, la que explica mejor la depreciación de la moneda es el bullionismo moderado, esto porque toma la consideración de la oferta monetaria de los bullionistas radicales y los efectos de la demanda monetaria además de otros factores no monetarios de los antibullionistas. Además, como más adelante veremos en el debate de la Escuela Monetaria (bullionistas radicales) y Bancaria (bullionistas moderados), los segundos consideran en su análisis, además de la cantidad de dinero, la cualidad del mismo[4]

¿Es posible gestionar adecuadamente la emisión de pasivos bancarios sin que estos sean convertibles en oro?

Los bullionistas moderados consideraban imprescindible la convertibilidad para la sana emisión monetaria, para los bullionistas radicales la convertibilidad no era esencial, ya que creían que el Banco era capaz de autorregular la emisión de billetes prestando atención a su oferta, y por último, los antibullionistas tampoco veían esencial la convertibilidad, y creían que el Banco era capaz de autorregular la emisión de billetes prestando atención a su demanda.

Las insuficiencias de los antibullionistas para controlar la sobreemisión de los pasivos bancarios prestando atención a su demanda es que, si bien es cierto que prestando atención a su demanda, es decir, a la calidad de la letras de cambio que se descuenta, es una condición necesaria para la regulación sana de los pasivos bancarios, no es una condición suficiente, esto porque, al no existir convertibilidad, no existe el mecanismo para saber si el sistema bancario han descontado demasiadas letras de cambio, lo que no permite ver si los billetes son excesivos o insuficientes en la circulación. Tan solo la convertibilidad regula la sobreemisión de pasivos bancarios, pues por muy sabios y bien intencionados sean los banqueros y las autoridades monetarias, es imposible que puedan saber la cantidad de billetes que necesita una economía, algo que sí es posible establecer mediante la convertibilidad y las complejas interacciones de mercado que a cada momento realizan los agentes económicos[5]

La manera de regular la emisión de pasivos bancarios por parte de los bullionistas radicales era monitoreando el precio de mercado del oro y el tipo de cambio, si bien para los bullionistas moderados dichas medidas eran second best frente a la regulación que brindaba la convertibilidad; de todas formas, el problema de los bullionistas radicales era que los billetes de banco (pasivo) con oro (activo), es decir, que daba lo mismo el tipo de deuda los bancos monetizaban, pues lo único relevante es la cantidad de billetes emitidos. En palabras de David Ricardo:

“Para mí no constituye ninguna diferencia que las emisiones del Banco de Inglaterra se hagan por la vía de descuentos, de adelantos al gobierno o en la compra de lingotes de oro: es el monto numérico de billetes lo que tiende a ejercer algún efecto”

El debate entre la Escuela Monetaria y la Escuela Bancaria

A partir de dicho criterios de regulación bancaria sirvió de base para el nacimiento de la Escuela Monetaria y la Escuela Bancaria en (poner año)

  • Escuela Monetaria: propugnaba el Principio Monetario, esto es, que la cantidad de billetes en circulación del Banco de Inglaterra debía comportarse igual a como lo habría hecho una circulación exclusivamente monetaria (que la circulación monetaria se reduzca cuando aparezcan déficits exteriores y aumente cuando aparezcan superávits). “Los principales representantes de esta Escuela fueron Samuel Jones Lloyd (posteriormente conocido como Lord Overstone), Robert Torrens (anteriormente en el campo antibullionista) y George Ward Norman (abuelo de Montagu Norman, histórico gobernador del Banco de Inglaterra entre 1920 y 1944). También cabe incluir dentro de esta corriente a William Ward (quien acuñó el término de “principio monetario”) y John Ramsay McCulloch (el heredero intelectual más directo de Ricardo).”
  • Escuela Bancaria:  “Por otro, la Escuela Bancaria, que combinaba la tradición del bullionismo moderado con algunos elementos del antibullionismo, defendía el llamado Principio Bancario, esto es, que la cantidad de billetes del Banco de Inglaterra en circulación se regulaba razonablemente bien como consecuencia de su continuo reflujo al emisor y de su convertibilidad en oro; las recetas para perfeccionar el sistema pasaban por diversas propuestas dirigidas a mejorar la operatividad de ese reflujo, ya sea mediante unas mayores reservas dinerarias entre los entidades crediticias o una mucho más intensa competencia bancaria. Los principales representantes de esta Escuela fueron Thomas Tooke, John Fullarton y James Wilson (fundador del seminario The Economist y suegro de Walter Bagehot, economista al que más tarde nos referiremos). También cabe incluir dentro de esta tradición a Herbert Spencer y a John Stuart Mill

Los teóricos de la Escuela Monetaria no veían diferencia entre el oro y los billetes, la única era que la primera era dinero internacional y la segunda dinero nacional que convenía atar a la primera. La regulación bancaria por parte del Banco de Inglaterra era emular el funcionamiento del mecanismo flujo especie-dinero de Hume, esto es, que ante un saldo exterior desfavorable, con el oro saliente (entrante) no se reducían (incrementaban) los billetes en circulación, la actividad interna no se enfriaría (reanimaría) y el saldo exterior deficitario (superavitario) no tendería a autocorregirse. Los teóricos de esta escuela “reputaban nocivo que las acción de las salidas y entradas de oro se concentrara en los depósitos bancarios y no en los billetes”

La diferencia con los teóricos de la Escuela Bancaria en materia de déficits con el exterior sostenían que el ajuste no ocurrían de inmediato, y esto porque “los agentes económicos a buen seguro mantendrán saldos de tesorería precisamente para hacer frente a tales contingencias durante un tiempo sin tener que modificar sus planes de acción”. Es decir, que se podía gastar más de lo que se ingresaba durante un tiempo echando de sus saldos de tesorería de oro.

Esto que es clave puede leerse en:

  • Thomas Tooke en su libro An Inquiry nto the Currency Principle (1844)
  • Thomas Tooke en sus volúmenes A History of Prices and the State of the Circulation (1848)
  • James Wilson Currency, Capital and Banking (1859)
  • John Fullarton On the Regulation of Currencies (1844)

Lo que falta entender es las razones para que la Ley de Reflujo no funciona cuando se invierte a largo con pasivos de corto plazo.

De los tres límites de la imprudencia financiera para la Escuela Bancaria, la conversión de billetes en oro comenzaba ejerciendo su efecto sobre los tipos de interés (que se reducían): en el interior del país, esto estimulaba el atesoramiento de dinero de manera preferente sobre depósitos bancarios; en el exterior, tipos de interés menores a los internacionales atraía el oro hacia allá. Ahora bien, si esa fuga de capitales líquidos se prolongaba debido a las amplías reservas de tesorería de los bancos (interior) o a los amplios saldos acreedores contra el extranjero (exterior), los precios comenzaban a incrementarse como consecuencia no de la emisión creciente de billetes, sino del trasvase del capital circulante a capital fijo


[1] https://archive.org/details/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones

[2] p.78

[3] Debido a la guerra que Francia le declara a Inglaterra, lo que incrementa la monetización del déficit de Inglaterra y provoca la conversión de los billetes en oro por parte de los agentes económicos, reduciendo las reservas del Banco de Inglaterra

[4] Lo que más adelante, con ayuda de este enfoque monetario, nos será posible explicar eventos como la Gran Recesión de 2007 o la Gran Depresión de 1929, difícil de ver con el enfoque cuantitativo de la Escuela Monetaria (liderado por David Ricardo) y sus posteriores herederos, los teóricos cuantitativos del dinero (liderados por Milton Friedman)

[5] Lo que nos lleva al orden espontaneo de la sociedad, que funciona mejor de manera descentralizada que ordenada desde arriba https://centroadamsmith.wordpress.com/2010/04/22/orden-espontaneo/

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