Prejuicios Antiliberales (I). La Propiedad Privada

Las ideas del liberalismo se remontan en la Antigua Grecia y alcanzan su máximo apogeo en Europa, entre los siglos XVIII y XIX[1]

La mala fama que los antiliberales se encargaron de darle a la propiedad privada, fue porque, en lugar de una crítica consistente hacia las ideas de la libertad, se empeñaron por marcar una ruta distinta pero efectivo: la de lanzar prejuicios, falacias y críticas superficiales contra los liberales mismos o contra ideas tan superficiales, que no sobreviven ante el mínimo estudio crítico. Es por eso que los liberales tenemos que sumergirnos en las supuestas críticas antiliberales, porque allí hallaremos que las supuestas “criticas” que “vencieron” los argumentos en favor de la libertad, tan sólo son un cúmulo de vertientes prejuiciosas y sin profundidad de los fanáticos liberales o son críticas equivocadas de raíz.

La propiedad privada

Quizás el prejuicio antiliberal más representativo sobre por qué defendemos la propiedad privada sea el del socialista Harold Laski:

“Puede decirse, en suma, que la idea de liberalismo esta históricamente trabada, y esto de modo ineludible, con la posesión de la propiedad. Los fines a los que sirve son siempre los fines de los hombres que se encuentran en esa posición. Fuera de este círculo estrecho, el individuo por cuyos derechos ha velado tan celosamente no pasa de ser una abstracción, a quien los pretendidos beneficios de esta doctrina nunca pudieron, de hecho, ser plenamente conferidos”[2]

Otro crítico de la propiedad privada es Marx en su búsqueda del comunismo:

“Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros. Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada”[3]

No está demás mencionar el modo en que Marx quería llegar al comunismo:

El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas. Claro está que, al principio, esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción, por medio de medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindiese como medio para transformar todo el régimen de producción vigente[4]

A lo que se refiere Marx con la abolición de la propiedad burguesa es a que el Estado expropie todos los medios de producción privados, ya que, según Marx, son los que extraen la plusvalía de la clase trabajadora. Es importante aclarar que Marx llegó a la idea de la plusvalía y la explotación a la clase trabajadora guiado por la teoría del valor-trabajo que es falsa, esto porque el valor no reside en el trabajo per se, ni en la tierra (como creían los fisiócratas). El valor es subjetivo, nosotros le damos valor a los bienes económicos en función a nuestras necesidades más urgentes[5]. Al momento de intercambiar un bien, el agente económico no se pregunta cuantas horas de trabajo tiene el bien que necesita y en función de eso estima su valor; el intercambio económico se produce sólo si el bien que ofrece le vale menos (satisface una necesidad relativamente menos importante) que el bien que demanda que le vale más (satisface una necesidad relativamente más importante)[6]  

En palabras de Carl Menger:

“El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos. […] el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia”[7].

Los liberales defienden la propiedad privada no por el hecho de que la posean per se o por pertenecer a una clase poseedora de abundantes propiedades como cree Laski. Mucho menos porque estén a favor de una supuesta explotación del trabajador. Sería un error generalizar y decir que los liberales son todos de clase burguesa. Críticas en contra de la propiedad privada citadas con anterioridad no son otra cosa que difamaciones antiliberales, teorías con supuestos falsos y falacias que por lo general se vierten en debate para descalificar en lugar de criticar rigurosamente:

“Para criticar los trabajos de quienes piensan de manera diferente, el marxismo hace aparecer a sus autores como si fuesen siervos vendidos a la burguesía. Marx y Engels jamás trataron de refutar a sus adversarios con argumentos; los denigraron, insultaron, vilipendiaron, calumniaron, y sus sucesores no han hecho sino escarnecerlos. Su polémica ataca a la persona del contrincante y nunca sus demostraciones”[8].

Quienes están a favor de la abolición de la propiedad privada burguesa, conscientes o no, están defendiendo el ideal del comunismo con el fundamento (teoría del valor-trabajo) que ya fue refutado por la Escuela Austríaca de Economía[9]

Tener propiedad ya sea de un bien de consumo o de capital, brinda la facultad de decidir sobre su empleo. Y nadie mejor que el propietario (uno mismo) para decidir mejor el uso que puede darle a su bien. Y ese es otro punto en contra para el socialismo o el comunismo, pues el mercado, es decir, la cooperación humana en constante interacción funciona mejor que cualquier orden centralizado:

“Cuál será el tipo de actividad local en donde su capital se puede invertir y cuya producción pueda ser de un valor máximo es algo que cada persona, dadas sus circunstancias, puede evidentemente juzgar mucho mejor que cualquier político o legislador. El político que pretenda dirigir a las personas privadas sobre la forma en que deben invertir sus capitales no sólo se carga a sí mismo con la preocupación más innecesaria sino que asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad en ninguna persona, en ningún consejo o senado, y que en ningún sitio es más peligrosa que cuando está en las manos de un hombre tan insensato y presuntuoso como para fantasear que es realmente capaz de ejercerla”.[10]

Así pues, el problema de la planificación centralizada es la ineficiencia de respuesta ante el cambio, en comparación con un orden descentralizado:

“Si aceptamos que el principal problema económico de la sociedad es el de cómo adaptarse rápidamente a los cambios en determinadas circunstancias de espacio y tiempo, parecería lógico que las decisiones últimas recayesen en las personas familiarizadas con tales circunstancias, ya que son las que poseen un conocimiento directo de los cambios relevantes y de los recursos disponibles en ese momento para hacerles frente. No podemos esperar que este problema se solucione comunicando todo ese conocimiento a un establecimiento central que lo integre antes de emitir sus órdenes. Debemos resolverlo a través de alguna forma de descentralización, aunque de esta forma sólo alcancemos una solución parcial. Necesitamos descentralización porque sólo así podemos asegurar una utilización precisa del conocimiento de las circunstancias particulares de tiempo y espacio”[11]

Antes de argumentar la defensa de la propiedad privada desde el punto de vista de la filosofía política del liberalismo, es necesario entender por qué se defiende la libertad. La libertad es defendida porque el liberalismo considera que todos los individuos por igual tienen derecho de perseguir su felicidad[12], proyectos vitales, sueños, aspiraciones, etc. siempre y cuando se respeten los proyectos de vida del prójimo:

“No se requiere que compartamos ni siquiera que comprendamos los proyectos de vida del prójimo, se necesita, eso sí, que se los respete”[13].

De donde se deduce lo siguiente: que los proyectos vitales de cualquier ser humano necesitan de base la propiedad privada poder llevarlos a cabo.

“La práctica totalidad de los proyectos vitales de cualquier ser humano requiere de la utilización de medios materiales. Incluso las aspiraciones más intelectuales o espirituales suelen necesitar del uso de algún recurso físico (libros, imprentas, tinta, estanterías, salas de reunión y debate, mesas, sillas…). ¿Cómo respetar, por ejemplo, la libertad religiosa sin biblias, o la libertad artística sin lienzos, o la libertad de prensa sin imprentas? Sin medios materiales, la libertad de acción de los individuos apenas abarcaría la libertad de pensamiento y acaso de expresión: las personas podrían pensar lo que quisieran sin interferencia ajena —incluso podrían verbalizarlo a los demás —, pero poco más”[14]

Lo que no entienden los antiliberales es el medio para alcanzar nuestras metas, sueños, aspiraciones es mediante el uso de la propiedad privada:

“Concretamente, «Los comunistas creen haber descubierto el camino hacia la redención del mal. Según ellos, el hombre sería bueno de todo corazón, abrigaría las mejores intenciones para el prójimo, pero la institución de la propiedad privada corrompió su naturaleza. […] Si se aboliera toda propiedad privada desaparecería la malquerencia y la hostilidad entre seres humanos, y todos se plegarían de buen grado a la necesidad del trabajo”[15]

Como podemos ver, la defensa de la propiedad privada dista de ser porque uno está condenado a pertenecer a determinada clase social[16] sino todo lo contrario: la defensa que los liberales hacen de la propiedad privada no están orientadas a determinada “clase social” sino que abarca a todos los individuos por igual. Desde el pequeño comerciante hasta CEO de una multinacional, sus decisiones sobre la propiedad que dirigen muchísimo más importantes que si un puñado de burócratas las decidiera, y esto peca de evidente: ¿quién mejor para dirigir mi propio negocio? ¿Yo mismo o un burócrata a quién de paso, le tengo que pagar?; por otro lado: quien mejor para cumplir mis propios sueños, metas y proyectos vitales, ¿Yo o político de turno?, es decir, si me prohíben el acceso a la propiedad (abolición de la propiedad privada), ¿cómo persigo mi felicidad? ¿Acaso debería mi felicidad en manos de los burócratas, los políticos o la dictadura del proletariado? Yo considero que no, y por eso defiendo la propiedad privada: porque quiero ser yo el encargado de decidir lo que es mejor para mí y asumir la responsabilidad de mis actos. Yo quiero decidir qué producir, que consumir, en fin, decidir por mi cuenta el destino de mi propiedad (sean bienes de consumo o bienes de capital) con el único fin que el de perseguir mis sueños, mis proyectos vitales, etc.


[1] Friedrich Hayek, Nuevos Estudios de Filosofía, Política, Economía e Historia de las Ideas, p.155 https://archive.org/details/friedrich-hayek-nuevos-estudios-de-filosofia-politica-economia-e-historia-de-las-ideas/page/155/mode/1up

[2] Harold Laski, El Liberalismo Europeo, p.17 https://archive.org/details/harold-laski-el-liberalismo-europeo.pdf/page/17/mode/1up

[3] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

[4] Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Entre las medidas que propone se encuentran la nacionalización de los transportes, la multiplicación de las empresas del estado, la proclamación del deber general de trabajar… 

[5] Para entender que esto es así, pensemos qué tendría más valor para nosotros: si un vaso de agua o un diamante. Por muchas horas de trabajo que se habrían invertido en la extracción del diamante, en esas circunstancias es evidente que el vaso de agua tendía un mayor valor para nosotros, y esto porque la sed será la necesidad más urgente que satisfacer ese momento.

[6] Carl Menger, Principios de Economía Política, p.90-139 https://archive.org/details/carl-menger-principios-de-economia-politica/page/n89/mode/1up

[7] pp. 94-95 https://archive.org/details/carl-menger-principios-de-economia-politica/page/n93/mode/1up

[8] Ludwig von Mises, Socialismo, p.37 https://archive.org/details/ludwig-von-mises-el-socialismo/page/37/mode/1up

[9] https://www.liberalismo.org/articulo/5/32/bohmbawerk/refuta/teoria/explotacion/capitalista/

[10] Adam Smith, Una Investigación sobre la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones, p. 322 https://archive.org/details/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones/page/124/mode/1up

[11] Friedrich Hayek, El Uso del Conocimiento en la Sociedad, p.5 https://archive.org/details/friedrich-hayek-el-uso-del-conocimiento-en-la-sociedad/page/221/mode/1up

[12] Lo que se enmarca en La Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos, donde se creía en derechos inalienables del individuo como el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Véase La Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos, p.2 https://archive.org/details/la-declaracion-de-independencia-y-la-constitucion-de-los-estados-unidos-de-america

[13] https://independent.typepad.com/elindependent/2007/03/el_liberalismo_.html

[14] Juan Ramón Rallo, Liberalismo. Los 10 Principios Básicos del Orden Político Liberal, p.45

[15] Antonio Escohotado, Los Enemigos del Comercio. Una Historia Moral de la Propiedad Vol. III, p.264 https://archive.org/details/los-enemigos-del-comercio-iii-una-historia-moral-de-la-propiedad-pdfdrive.com/page/n263/mode/1up?q=el

[16] Como dato adicional, ni Marx, ni Engels, ni Lenin ni el Che fueron de “clase proletaria”. Si se miden desde la óptica comunista de Marx ¿se los debería descalificar de antemano por nacer en cuna burguesa? ¿Cómo es posible que a quienes critiquen su comunismo se los tenga que descalificar de antemano por ser burgueses?. Eso de las clases no existe. Nadie es igual, es ridículo encasillarlo a una clase por el hecho de ser dueño o no de los medios de producción.

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