¿A las puertas de una nueva UDP?

Hace algunos días, el nuevo presidente electo de Bolivia, Luis Arce Catacora, afirmó que los indicadores económicos actuales no se vieron ni en la UDP. Si bien es cierto que el crecimiento negativo de las exportaciones o la base monetaria en expansión son indicadores de alerta para cualquier economista, no es suficiente hacer afirmaciones sobre indicadores si no se toma en cuenta el contexto político, internacional o las causas de la hiperinflación de los años 80:

Como se puede ver, los indicadores económicos estaban bastante más deteriorados que los indicadores que muestra la economía actualmente. A grandes rasgos, el contexto internacional en el gobierno de la UDP era de crecimiento negativo del PIB tanto en países industriales como en desarrollo, inflación elevada, déficit en balanza de pagos, crecimiento negativo de las exportaciones. Para las economías latinoamericanas, además de los indicadores mencionados anteriormente, se le suma la crisis de deuda latinoamericana, también llamada como “La Década Pérdida de América Latina”.

Si bien el actual contexto internacional no es para nada alentador, es difícil sostener de manera seria que se parece al de los años 80. No se ve una crisis de deuda sistémica en las economías latinoamericanas, no está presente la suba de tipos de la FED, no está presente el problema de la inflación ni el crecimiento negativo en los países desarrollados. Lo que sí está presente es el efecto del shock negativo tanto en oferta y demanda que trajo consigo el Covid-19. La gran amenaza global actual es la deuda mundial, que se agrava por la pandemia, y es necesario terminar con ella antes de que explote.

A nivel local, en la UDP se agudizaron los desequilibrios macroeconómicos en los que se venía incurriendo[1], la moneda se devaluó, comenzó el camino de la alta inflación, surgió la intranquilidad política, los ahorros se fueron destruyendo, etc. El principal problema fue la deuda externa acumulada que financiaba el déficit fiscal. Cuando el crédito barato termina, en lugar de terminar con el gasto, se opta por alargar el ajuste con deuda interna del Banco Central de Bolivia (BCB). Por muy obvio que nos parezca, el gobierno de Hernan Siles Suazo no opinaba lo mismo, y opto por endeudarse internamente (con emisión monetaria) para pagar deuda externa heredada de los gobiernos militares.

Los desequilibrios macroeconómicos de ahora no se originaron con el gobierno transitorio de Jeanine Áñez sino que su deterioro comenzó por el año 2014, cuando termina el boom de las materias primas. Y como en la UDP, en lugar de terminar con la burbuja de deuda, el exministro de economía, Luis Arce Catacora, opto por alargar el ajuste, tomando deuda externa e interna del BCB para proyectos de inversión a largo plazo como empresas públicas y el mantenimiento artificial del consumo.

Así las cosas, la pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿Será el MAS la próxima UDP? ¿O será otro gobierno al que le explote la burbuja de deuda que desde el 2014 se viene gestando?

Queda claro que los indicadores económicos actuales no son para nada halagadores, pero afirmar que son peores que en la UDP es, por poco, exagerado. También sería un error deducir que por el hecho de que el gobierno transitorio haya manejado la pandemia peor que otros gobiernos, eso nos pone directamente en el camino que le tocó a la UDP.

De todas maneras, haría falta un estudio comparativo más profundo de ambos contextos, el manejo al detalle de la política económica, más detalle en el contexto internacional, un análisis político más amplio, etc. pero en general, los indicadores pudimos ver nos dicen que no estamos a las puertas de una crisis de hiperinflación como la vivida bajo el gobierno de la UDP.

Que la pandemia y la mala gestión del gobierno transitorio hayan empeorado los indicadores económicos, eso está claro. Pero quien se encargó de deteriorarlos antes y no le dio fin a la burbuja de deuda no fue ni la derecha ni el neoliberalismo sino el propio Luis Arce Catacora, futuro presidente del país.

El tiempo nos dirá si continúa acrecentando la burbuja o le pone -el doloroso- fin.


[1] Sobre todo la deuda externa, pues al terminar el boom petrolero de los años 70 y con la suba de tasas de la FED, se revelaron todas las malas inversiones que financió el crédito internacional barato, y entre ellas, la burbuja presente del gasto del Estado.

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