Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (6)

Capítulo 6 – El estado corporativo de EEUU

Una versión de los opositores del mercado sobre los acontecimientos de 2008 en EEUU es que, la burbuja inmobiliaria fue causada por el “capitalismo desregulado”, y que las  recomendaciones de los defensores del libre mercado eran realmente dañinas, puesto que se oponían al rescate de los bancos, rescate que supuestamente había salvado a los estadounidenses otra Gran Depresión. En este sentido, Rockwell recomienda The Great Deformation[1], del autor David Stockman, un ex – congresista del EEUU y director del presupuesto bajo el gobierno de Ronald Reagan.

Este capítulo esta pensado como un aliento para leer a Stockman, una obra que “ofrece un relato revisionista general de la historia económica de EEUU desde el New Deal hasta la actualidad. Refuta mitos ampliamente apoyados acerca de los años de Reagan y la desaparición de la Unión Soviética. Se ocupa del crecimiento y expansión del estado del bienestar. Demuestra con precisión cómo la Fed enriquece a los poderosos y los protege de los mercados libres. Demuestra la endeblez de la supuesta recuperación actual. Sobre todo, demuestra que los intentos de culpar al «capitalismo» de nuestros problemas económicos es algo absurdo y revela un completo desconocimiento de cómo se ha deformado la economía a lo largo de las últimas décadas”[2].


[1] http://www.riosmauricio.com/wp-content/uploads/2013/07/The-Great-Deformation_David-A.-Stockman.pdf

Quienes prefieran escuchar una suerte de resumen del libro: https://youtu.be/yaB0TOAS2wI

[2] Páginas 71-72

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (5)

Capítulo 5 – El amanecer del fascismo tardío

Rockwell utiliza el término fascismo tardío porque en los gobiernos fascistas actuales tienen un estilo distinto de los pasados gobiernos de este estilo: “el estilo fascista destacaba la inspiración, la magnificencia, el progreso industrial, la grandeza, todo encabezado por un líder valiente que tomaba sabias decisiones respecto de todo. Este estilo de gobierno estadounidense duró desde el New Deal hasta el final de la Guerra Fría”[1]. ¿Qué es lo que queda de todo aquello?, veamos:

  • La obsoleta oficina de correos de la ciudad metropolitana, aquella que en su momento era el orgullo de los burócratas estatales, hoy, se encarga de llevar basura física a los buzones estadounidenses.
  • Monumentos del estatismo pasado como la Presa Hoover o el Monte Rushmore
  • El sistema de autopistas interestatales de Eisenhower
  • El viaje a la Luna, etc.

La grandeza de los monumentos, el orgullo nacional, el gasto estatal en “proyectos a nivel nacional” y los líderes populistas pasan, y todo lo que queda es una pistola apuntando a nuestras cabezas. “El sistema se creó para ser grande, pero se reduce en nuestro tiempo a ser burdo. El valor es ahora violencia. La majestad es ahora malicia”.[2]

Así como actualmente vemos las crisis que causó y sigue causando el socialismo[3], el fascismo destruye lentamente una economía, y esto porque no tiene medios para alcanzar lo que promete, y por cada promesa que el fascismo intente cumplir, más recursos deberá quitarle a la sociedad. La planificación, venga desde el propio estado como el socialismo, venga de la mano de burocracias gigantescas, de las cartelizaciones industriales o de organizaciones sindicales como en el fascismo, no tendrán la misma eficacia que millones de agentes económicos interactuando en mercados libres, y esto por el uso del conocimiento en la sociedad. No se trata de un problema de planificación sino de quien planifica: si un puñado de “iluminados” en nombre del resto de la sociedad, o los millones de agentes que conforman dicha sociedad[4].


[1] Página 70

[2] Página 71

[3] https://www.libremercado.com/2017-03-14/la-verdadera-causa-del-colapso-de-venezuela-no-es-la-caida-del-petroleo-1276594679/

[4] https://bazar.ufm.edu/hayek-uso-del-conocimiento-la-sociedad-este-limitado-esta-disperso-no-sentido-asumir-conocimiento-perfecto/

http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_080_12.pdf

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (4)

Capítulo 4 – Hacia el nacionalsocialismo

Así como Hitler y como también otros[1], “el principal método de gobierno de (George W-) Bush era crear miedo hacia los enemigos extranjeros e instigar una especie de histeria nacionalista acerca de la necesidad de guerrear y renunciar a la libertad en nombre de la seguridad”[2].

Cuando se afirma que “el nazismo no era solo nacionalismo desbocado. Era también socialismo de una variedad concreta”[3], la intención no es “demonizar” al contrincante, sino dejar en claro que la política interior del nazismo se alejaba de la libre empresa y se dirigía a la planificación económica colectivista, donde la propiedad era nominal, pues es el estado dirigía la economía no desde los medios de producción privados, sino desde las regulaciones y la variedad de controles impuestos a las empresas. Si algo compartía el socialismo con el nazismo, era la presencia del estado sobre la economía y la desaparición de la libre empresa. Un estudio detallado sobre el tema nos lo ha brindado Günther W. Reimann, experto en finanzas y moneda en su libro The Vampire Economy (1939)[4].

Reinmann escribe:

“En la Alemania nazi no había espacio de actividad empresarial en la que no interfiriera el estado. De una forma más o menos detallada, prescribía cómo podía usar el empresario el capital que era supuestamente todavía de su propiedad. Y, debido a esto, el empresario alemán se había convertido en un fatalista: no creía que las nuevas normas funcionaran bien, pero sabía que no podía alterar las cosas. Se había convertido en una pieza de una maquinaria gigantesca que no podía dirigir. El régimen también aumentó drásticamente la legislación social y médica, proporcionando pensiones vitalicias a amigos y reclutando a doctores al servicio de sus objetivos dietéticos y médicos.”

Gran parte de la gente conoce el daño que causó el régimen nazi. Lo que no conoce es que se trató de una combinación de dos tendencias ideológicas peligrosas: el nacionalismo y el socialismo, es decir, el nacionalsocialismo o nazismo”.  


[1] https://www.facebook.com/watch/?v=1423392111150631

[2] Página 59

[3] Página 61

[4] “Escrito en 1939, Reimann analiza los efectos de una fuerte regulación, inflación, control de precios, interferencia comercial, planificación económica nacional y ataques a la propiedad privada, y qué consecuencias tuvieron para los derechos humanos y el desarrollo económico. Este es un tema que rara vez se discute y por razones que son incómodas: tanto como la izquierda odiaba la agenda social y cultural de los nazis, la agenda económica encajaba directamente en un patrón de estatismo que había surgido en Europa y los Estados Unidos”. https://cdn.mises.org/The%20Vampire%20Economy.pdf

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (3)

Capítulo 3 – Maquiavelo y el poder del estado

“La idea libertaria se basa en un principio moral esencial: la no agresión. Nadie puede iniciar fuerza física contra ningún otro”[1]. Este es un principio que se aplica no sólo a los políticos, sino a todos los actores sociales.

Se puede decir que este es un principio que los estados han violado sistemáticamente[2], y aun así, se los sigue considerando como instituciones imprescindibles para la civilización. Y esto porque “el gobierno convence al pueblo de que este y el gobierno son lo mismo, de que las guerras del gobierno son sus guerras, de que estos conflictos nos implican un nosotros contra ellos”[3].

Como dato adicional, en el terreno económico, la otra cara austrolibertaria, según Rockwell, es la Escuela Austríaca de Economía[4], pero en términos estrictos, y como insistía Ludwit von Mises, la economía está libre de valores[5]. En éste ámbito, una caricatura habitual en contra de los defensores del mercado libre, es la idea que el mercado funciona de manera perfecta. Pero es falso, puesto que la coordinación voluntaria entre los agentes económicos no está exenta de fallas. Lo que sí se puede afirmar con contundencia es que “ningún sistema de competencia puede funcionar mejor que el mercado. Sólo los participantes en el mercado pueden asignar recursos de una manera no arbitraria, porque solo en el mercado puede evaluar un curso de acción de acuerdo con el principio economizador de las pérdidas y ganancias. Esto es lo que los austríacos llaman cálculo económico[6].

La imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, sucede porque como el socialismo el estado controla todos los medios de producción, no se produce ninguna compra y venta de dichos medios de producción o bienes de capital, y si no se produce ninguna compra y venta, los precios de mercado dejan de existir, y si no existen precios de mercado, es imposible conocer si se ha asignado recursos de acuerdo con las preferencias de consumo de la manera más económica y más valiosa. En resumen, bajo las economías socialistas se desperdician recursos y no hay forma de saber si la asignación de los mismos cubre las necesidades subjetivas de los agentes económicos en el interior.

Y esta es una poderosa razón por la que podemos deducir que unos sistemas funcionan mejores que otros. No se trata de ideologías, sino de teoría económica respaldada por evidencia empírica[7].

Rockwell rescata a Maquiavelo porque en su libro, El Principe[8], rompe con la visión tradicional de las obligaciones morales de un príncipe[9], ya que un príncipe, debe estar “siempre dispuesto a actuar inmoralmente cuando sea necesario”; “para mantener su poder” ser verá obligado a “actuar traicionera, despiadada e inhumanamente”; la máxima: “el fin justifica los medios” lo resume si con fin entendemos la conservación del poder.  

Y es justamente esta máxima la que se encuentra en la filosofía de los colectivistas, esto es, que “no hay literalmente nada que el colectivista coherente no deba estar dispuesto a hacer si sirve para el “bien de la colectividad”, porque “el bien de la colectividad” es para él, el único criterio de lo que tendría que hacerse”[10]. Y esto se ve claramente en la región, misma que actualmente está dominada por dictadores y políticos totalitarios de izquierda, donde justifican la destrucción de la economía en “nombre del pueblo”, porque eso es lo que “el pueblo quiere”, es “por el bien del pueblo”.

Si su revolución a favor del estado logró el efecto deseado, “la nuestra es la revolución contra él y a favor de la paz, la libertad y la prosperidad”.


[1] Página 48

[2] Con sus guerras, genocidios, atrocidades totalitarias, crisis de deuda, hiperinflaciones, etc.

[3] Página 51

[4] https://youtu.be/J5hsUOU5f3I

[5] Simplemente porque explica diversos fenómenos económicos, desde los precios a los tipos de interés, suministrando el análisis de causa y efecto de dichos fenómenos

[6] Página 53

[7] https://diegosanchezdelacruz.wordpress.com/2013/08/09/economia-de-la-urss-el-fracaso-absoluto-del-socialismo-total/

[8] https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Maquiavelo-Principe.pdf

[9] Que además de la prudencia, justicia, fortaleza y templanza, los príncipes están llamados a cultivar la magnanimidad y la liberalidad principescas, por ejemplo.

[10] Página 58

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (2)

Capítulo 2 – La amenaza fascista

“El fascismo es un sistema de gobierno que carteliza el sector privado, planifica centralizadamente la economía para subvencionar a los productores, exalta el estado policial como fuente de orden, niega derechos y libertades fundamentales a los individuos y hace del poder ejecutivo el amo ilimitado de la sociedad”[1].

El fascismo es una amenaza para la civilización porque absorbe la vida económica de una nación al drenar su capital y productividad para el estado enorme que edifica.

El declive

Después de la Segunda Guerra Mundial, y más marcadamente “cuando Nixon[2] destrozó el dólar, puso controles de precios y salarios, creo el Environmental Protection Agency (EPA) y enquistó e hizo universal todo el aparato del estado parasitario de bienestar y guerra”[3], cuando en Estados Unidos se esfuma lo que se denomina como el sueño americano. El problema es la presunción de que el gobierno debe dirigir todo aspecto del orden capitalista. Si socialismo es en esencia el control estatal de los medios de producción privados, el fascismo es el control nominal de estos, por medio de regulaciones e imposiciones estatales.

Los orígenes del fascismo

Se origina en la política italiana tras la Primera Guerra Mundial, luego de que Benito Mussolini ganara las elecciones democráticas en 1922, estableciendo el fascismo como su filosofìa[4]. Ahora bien, un dato fundamental es saber que Mussolini había sido miembro del Partido Socialista Italiano.

Flynn dice la verdad

John T. Flynn fue un “periodista e intelectual de espíritu liberal”[5], aunque parte de lo que Murray Rothbard llamaría más tarde la Vieja Derecha. Rockwell lo cita por haber escrito el estudio más definitivo sobre el fascismo, el libro As We Go Marching[6], mismo que, al revisar la historia del auge del fascismo, el autor escribe:

“Uno de los fenómenos más desconcertantes del fascismo es la casi increíble colaboración entre hombres de la extrema derecha y de la extrema izquierda en su creación. La explicación es esta. Tanto la derecha como la izquierda se unieron en su reclamación de regulación. Los motivos, los argumentos y las formas de expresión fueron  diferentes, pero todos iban en la misma dirección. Y esta era que el sistema económico debe estar controlado en sus funciones esenciales y este control deben ejercitarlo los grupos productivos[7].”

A los fascistas les atrae la idea de grandeza nacional, les obsesiona, idea entendida cuando es estado se dedica a construir enormes monumentos[8], museos[9], etc. Y grandeza nacional no es lo mismo que grandeza de tu familia, tu empresa o tu profesión, puesto que la grandeza nacional fascista implica la imposición de impuestos, devaluación de la moneda, regulaciones a la producción, etc. en beneficio de proyectos “nacionales” esbozados por los burócratas gubernamentales y los ingenieros sociales.  

Además de ello, el fascismo mezcla la religión y el estatismo en un solo paquete: la clase política adora a Dios y usa al estado como intermediario; a diferencia del socialismo, el fascismo es nacionalista; a la clase media no se la expropia, sino que obtiene seguro social, prestaciones médicas, educación estatal y altas dosis de orgullo nacional, entre otras cosas. Y es por los aspectos anteriormente señalados, que Rockwell termina deduciendo que el programa fascista asume un aspecto de derechas. “No ataca los valores burgueses esenciales. Se apoya en ellos para conseguir el apoyo para una reglamentación nacional completa y respaldada democráticamente de control económico, censura, cartelización, intolerancia política, expansión geográfica, control del ejecutivo, estado policial y militarismo”.

Por tanto, las propuestas de izquierda y de derecha, comparten la intromisión del estado en algún aspecto de la sociedad: sea en la economía, sea en el universo social.

Las ocho características de la política fascista

Las ocho características del estado fascista, según Flynn:

  • El gobierno es totalitario porque no reconoce ninguna limitación a sus poderes
  • El gobierno es una dictadura de hecho, basada en el principio de liderazgo
  • El gobierno administra un sistema capitalista con una burocracia inmensa
  • Los productores están organizados en cárteles al estilo sindical
  • La planificación económica se basa en el principio de autarquía
  • El gobierno sostiene la vida mediante el gasto y el crédito
  • El militarismo es un puntal del gasto público
  • El gasto militar tiene objetivos imperialistas

El futuro

Para el contexto en que Rockwell escribe, una alianza antifascista seria y efectiva estaría compuesta por quienes:

  • Protestan contra por la FED
  • Rechazan las políticas fascistas de la corriente principal
  • Buscan la descentralización
  • Reclaman impuestos más bajos y libre comercio
  • Defienden el derecho a asociarse con quien quieran y comprar y vender en los términos que elijan 
  • Insisten en que pueden educar a sus hijos por si mismos

Con un movimiento intelectual, político, cultural, tecnológico. Que venga de todas las clases, razas, países y profesiones: un movimiento verdaderamente global. Un movimiento que quiera libertad sin restricciones ni condicionantes, un movimiento liberal en su expresión más extensa y profunda posible.

“En la lucha contra el fascismo, no hay razón para desesperar. Debemos continuar luchando con toda la confianza en que el futuro nos pertenece a nosotros y no a ellos.

Su mundo se está desmoronando. El nuestro se está construyendo.

Su mundo se basa en ideologías en bancarrota. El nuestro se asienta en la verdad acerca de la libertad y la realidad.

Su mundo solo puede mirar atrás hacia los días gloriosos. El nuestro mira hacia adelante, al futuro que nos estamos construyendo.

Su mundo se asiente sobre el cadáver del estadonación.

Nuestro mundo se basa en la energía y la creatividad de todos los pueblos del mundo, unidos en el gran y noble proyecto de crear una civilización próspera a través de la cooperación humana pacífica. Es verdad que ellos tienen las armas más grandes. Pero las armas grandes no han garantizado una victoria permanente en Iraq o Afganistán (o en cualquier otro sitio del planeta).

Poseemos la única arma que es verdaderamente inmortal: la idea correcta. Esto es lo que nos llevará a la victoria.

Como dijo Mises:

A largo plazo, ni siquiera los gobiernos más despóticos con toda su brutalidad y crueldad pueden competir con las ideas. Al final, prevalecerá la ideología que se haya ganado el apoyo de la mayoría y haya frustrado sus planes. Entonces los muchos oprimidos se levantarán en rebelión y acabarán con sus amos”[10].


[1] Página 24

[2] En relación con Nixon, encontré este artículo que me pareció interesante: https://www.lavanguardia.com/internacional/20140813/54413004582/nixon-ultimo-presidente-izquierdas.html

[3] Página 26

[4] https://editorialkamerad.files.wordpress.com/2014/08/la-doctrina-del-fascismo1.pdf

[5] Página 29

[6] https://mises.org/library/we-go-marching

[7] Grupos que la izquierda considera a los trabajadores, en tanto que la derecha los propietarios privados de capital.

[8] http://vacaciona2.com/2019/08/19/7-monumentos-fascistas-en-roma/

[9] https://lostiemposdigital.atavist.com/museo-orinoca

[10] Páginas 46-47

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (1)

Sección I – La realidad del fascismo estadounidense

Capítulo 1 – La realidad del fascismo republicano

Según Rockwell, “la llegada a la presidencia de los republicanos (George W. Bush), combinada con un interminable estado de guerra (atentados del 11-S), ha proporcionado todos los mecanismos necesarios para convertir en estatista un pujante movimiento libertario”[1]. Pensando en los gobiernos de la región, diría que muy probablemente Argentina no hubiera estado pasando lo efectos del gradualismo, si su clase política hubiera puesto en práctica estas dos recomendaciones de Rothbard: “que los reformadores no se mueven lo suficientemente rápido”, es decir, que en lugar de ajustar lo que es necesario[2], se convierten en gradualistas; segundo: “que los reformadores dejan demasiado en vigor que puede ser usado por su sucesores para reconstruir el estado que se ha luchado tanto por desmantelar”.  

La derecha estadounidense, a partir del gobierno de George H. W. Bush (1994), empezó a definirse como antiizqueirdista, y no como favorable a la libertad como era antes. El problema de que se hayan definido como antiizquierdista consistía en que dejaban de lado un programa para la libertad, reemplazado por uno para “aplastar a los izquierdistas y sus costumbre bohemias y sus pretensiones intelectuales”[3].

Como mencioné al principio, los atentados del 11-S, aumentaron la planificación centralizada por el gobierno (republicano) estadounidense, a tal punto penetró esto, que la gente se fue subordinando a la maquinaria estatal: ya no reclamaba libertad, sino por el contrario, más control del estado.

En resumen podríamos decir que lo que vió Rockwell ese momento fue un “fascismo actualizado y americanizado”[4] que defiende instituciones como la familia, la religión y bandera, y que ve al estado como “el principio organizativo central de la sociedad, considera a las instituciones públicas como los medios más esenciales por los que todas estas instituciones quedan protegidas y promovidas y adora al jefe del estado como un personaje divino que sabe mejor que cualquier otro lo que necesitan el país y el mundo…”

En sus palabras: “En 1994, el estado central era visto por la burguesía como la principal amenaza para la familia; en 2004 se ve como la principal herramienta para mantener unida la familia y asegurar su ascendencia. En 1994, el estado se veía como enemigo de la educación; hoy, las mismas personas ven al estado como el medio para aumentar la calidad y eliminar las influencias izquierdistas en ella. En 1994, la mayoría de los cristianos veían que el Leviatán era el principal enemigo de la fe; hoy, ven al Leviatán como la herramienta con la que garantizarán que su fe tenga un impacto en el país y el mundo.”[5]

Frente a esto, el libertario estadounidense tiene que hacerle frente no solo a la izquierda, sino también a la derecha; si bien actualmente en la región, han surgido atisbos de gobiernos de derecha, creo que más lucha tendríamos que dar contra la izquierda tan enquistada en el pensamiento intelectual latinoamericano, y por tanto, dominante de la política o la economía. Pero también reconocer que “la doctrina de la libertad contiene elementos que se corresponden con la izquierda como con la derecha contemporáneas”[6]. El siguiente cuadro lo resume así:

Para terminar, con la puesta de moda del pensamiento de derecha en la región, y con el resurgimiento del pensamiento de izquierda (recientemente impulsado por su prensa, sus intelectuales y algunos de sus dictadores), nos viene bien las palabras con las que Rockwell termina su primer capítulo:

“…los tiempos actuales pueden verse como un periodo de formación para todos los verdaderos amigos de la libertad. Tenemos que aprender a reconocer los muchos disfraces distintos con los que se presenta la tiranía. El poder es proteico, porque debe suprimir ese impulso hacia la libertad que existe en los corazones de todas las personas. El impulso está ahí, esperando tácitamente a la conciencia para amanecer. Cuando lo hace, el poder no tiene ninguna oportunidad”[7].


[1] Página 13

[2] Rothbard recomendaba ajustes drásticos en gasto, impuestos y regulación y no sólo en el ámbito doméstico, sino también en el ejercito y política exterior, algo que consideraba crucial para cualquier programa de gobierno pequeño.

[3] Página 17

[4] Página 20

[5] Página 19

[6] Palabras de Rothbard en 1965, página 22

[7] Página 23

Refutando a Keynes, por Henry Hazlitt (27)

Capítulo 27  – “El método de la renta nacional”

  • ¿Es algo determinado la renta nacional?

Hazlitt se guía por el estudio sobre la materia de Kuznets denominado National Inconme and Its Composition, 1919-1938 (Nueva York: National Bureau of Economic Research), 2 vols.que pueden encontrar en el siguiente link

Las primeras 57 páginas de su primer capítulo trata los problemas encerrados en el propio concepto de “renta nacional”:

  • La elección de las variables es subjetiva, por tanto, no se puede efectuar una estimación puramente objetiva de la renta nacional
  • ¿Se debe incluir sólo las partidas con las que se trata el mercado?, es decir, excluyendo todas las actividades que uno realiza por sí y para sí, como los productos de la economía familiar o las actividades de las amas de casa
  • Hazlitt enumera varias razones más que limitan las estimaciones de la renta nacional, y aunque podría decirse que son de carácter técnico, subjetivo, moral y hasta legal, voy a compartirle la razón que en lo personal considero que los problemas del PIB se encuentran por el enfoque que dejo en el siguiente link
  • Sus peligros para la política

Consisten en:

  • La idea de “renta nacional” es funcional a los gobiernos amantes de los colectivismos, los estatismos y los manirrotos
  • Valiéndose de “la renta nacional”, es muy sencillo para los planificadores funcionales a los gobiernos, gastar en “proyectos” que sus políticos quieren, esto mediante argumentos del tipo “aunque nuestro gasto, deuda, déficit o nivel de las reservas son sumas enormes, son tal o cual porcentaje de nuestro producto nacional bruto”
  • Que la preocupación y el indicador de cómo va la economía sea el crecimiento de la “renta nacional” o “producto nacional bruto”
  • La idea de que sin el porcentaje de gasto estatal ejercido por el gobierno, el PIB sería menor, cuando la realidad es que, sea lo que el gobierno gaste, antes lo percibe de alguien en forma de impuestos o se endeuda en nombre del resto de la sociedad.
  • Al estilo keynesiano, se invierte causa y efecto cuando la producción genera la renta y no al revés, esto es, que “poniendo plata en el bolsillo” de la gente la producción se reactivará, lo que actualmente proponen los “economistas” del gobierno de Alberto Fernández en Argentina
  • Pretender tener el poder de saber lo que pasará en el futuro es algo irresistible para cualquier político, y en este sentido, es muy probable que lleguen a confiar en las predicciones económicas basadas en la “economía global” o “método de la renta nacional”. Por mucho que los desilusionemos, decirles que predicciones de este tipo, han sido un fracaso[1]

[1] https://science.sciencemag.org/content/128/3334/1258

https://www.jstor.org/stable/1910497?seq=1#page_scan_tab_contents

Refutación a Keynes, por Henry Hazlitt (26)

Capítulo 26  – El “pleno empleo” como meta

La aportación sobre la que más insisten los discípulos de Keynes es la sustitución de la “máxima producción”, de los economistas clásicos, como meta de la actividad económica, por el “pleno empleo”. En relación con lo anterior, Hazlitt formula lo siguiente: 1. ¿Es defendible?, 2. ¿Es alcanzable?, 3. ¿Es deseable en todo momento y en todo género de condiciones?

  • ¿Es defendible?

El concepto de pleno empleo, tal como puede entenderlo el hombre de calle, no es tal. Para el hombre de calle o para la gente de a pie, cuando escucha “pleno empleo” de la boca de  economistas keynesianos, entiende que todo el mundo tiene un trabajo; sin embargo, ni el propio Keynes lo definió así, pero apostaría a que quiso que se entienda como lo hace el hombre de calle o la gente de a pie. Recordando la definición de “paro involuntario” que Hazlitt se encarga de invalidar, Keynes describe el pleno empleo, siendo, tanto el paro “friccional” como el “voluntario”, compatibles con el “pleno” empleo así definido.

  • ¿Es alcanzable?

Por mucho que les cueste entender a los keynesianos, lo cierto es que el “pleno empleo” no es alcanzable, y así lo reconocieron en su momento los partidarios de esta meta como el economista Alvin Hansen.

  • ¿Es incondicionalmente deseable?

Habría que reflexionar si es que la deseabilidad del pleno empleo a toda costa es preferible a la maximización de la producción, esto, claro está, vía incremento de la productividad marginal del trabajo que se logra, como ya se ha explicado, por incrementos en el capital que se logra gracias al ahorro.  Si el pleno empleo fuera un objetivo en si mismo, la solución pasa por uno de los métodos que propuso Keynes, esto es, que una parte de la gente se dedique a cavar pozos para que otra parte se dedique a taparlos.  

Para que se entienda, un país en el que “todo el mundo trabaja” con pico y pala, crece mucho menos y es menos productivo que un país que lo hace con maquinaria y herramienta. Por tanto, lo que importa no es la búsqueda de pleno empleo per se, sino que las personas trabajen menos, lo que se logra con aumentos en la productividad, y esto último se logra con la condición necesaria de ahorrar previamente.

Se me viene a la mente la siguiente anécdota que puede encontrarse en este link:

“A Milton Friedman lo llevaron a ver un masivo proyecto de infraestructura en China. Miles de trabajadores con palas estaban construyendo un canal. Friedman asombrado preguntó por qué no había ni una sola excavadora o equipo mecanizado para mover la tierra y un funcionario público respondió: “Las palas crean más trabajo”. Friedman respondió: “Entonces, ¿por qué no usar cucharas en vez de palas?” Esto sería hacer menos con más trabajadores, crearía más empleo pero destruiría riqueza.”

Refutación a Keynes, por Henry Hazlitt (25)

Capítulo 25 – ¿Se retractó Keynes?

  • “La medicina clásica”

Sobre la medicina clásica, Keynes les recuerda a los economistas en la edición de junio de 1946 del The Economic Journal que “las enseñanzas clásicas entrañaban algunas verdades permanentes”; o que “No debe interpretárseme mal. Yo no supongo que la medicina clásica vaya a operar por sí misma, ni que podamos depender de ella. Necesitamos ayudas más rápidas y menos penosas, y de estas la modificación de los cambios y el control general de la importación son las más importantes. Pero a largo plazo estos expedientes funcionarán mejor y los necesitaremos menos si la medicina clásica actúa también” (luego de haberse mofado de en todo el libro de los economistas clásicos por no tener sentido común, o después de que para Keynes, “en el largo plazo estamos todos muertos”)

  • Las contradicciones fundamentales

Contradicciones como el estar a favor de las decisiones y elección individual de los agentes económicos, pero al mismo tiempo estar a favor de las manipulaciones monetarias, controles de cambios o controles de importación; o que su propia definición de ahorro e inversión de su Treatise on Money después sea repudiada por él mismo en su General Theory; y más aún, que en The Economic Consecuences of the Peace recuerde que Lenin declaró “que la mejor forma de destruir el sistema capitalista era la de corromper la moneda”, y que luego, al leer la General Theory, se encuentra que la inflación es uno de las recetas de Keynes para corregir el paro.

Como escribe Hazlitt:

“Keynes fue un hombre brillante. Mucho de lo que escribió lo hizo en tono humorístico, por el placer de la paradoja, para épater le bourgeois, de acuerdo con los principios de Wilde, Shaw y el circulo de Bloornsbury. Quizá la totalidad de la General Theory estaba destinada a ser una broma gigantesca (400 paginas), y Keynes se asombro al encontrar discípulos que la aceptaban literalmente en su totalidad.

El ingenio y la sátira son armas peligrosas cuando no se ponen al servicio del buen sentido. Aquí una opinión de Hayek acerca de las contradicciones de Lord Keynes.”

O como alguna vez declaró Hayek en una de sus entrevistas.