Carl Menger – Principios de Economía Política (IV)

CAPÍTULO IV. TEORÍA DEL INTERCAMBIO

LOS FUNDAMENTOS DEL INTERCAMBIO ECONÓMICO

La relación del intercambio surge cuando un individuo (A), posee bienes de los que unas determinadas cantidades tienen para el menor valor que otras cantidades del bien que posee otro individuo (B), que a su vez, se encuentra en la situación opuestas, es decir, que valora más las cantidades del bien que posee el individuo (A) que las que posee.

Las condiciones para que se dé el intercambio son:

 “a) un sujeto económico debe poseer unas determinadas cantidades bienes que para él tienen menos valor que otras cantidades de bienes de que dispone otro sujeto económico, mientras que este segundo mantiene, respecto de su valoración de los bienes que pose, una relación opuesta a la del primero;

b) ambos sujetos económicos deben tener conocimiento de su respectiva situación, y

c) ambos deben tener capacidad suficiente para convertir en realidad el intercambio de bienes.

Si falta una de estas tres condiciones, desaparecen los fundamentos requeridos para un intercambio económico y —respecto de los mencionados sujetos y bienes— queda excluida su posibilidad”[1]

LOS LÍMITES DEL INTERCAMBIO ECONÓMICO

En todo intercambio existe un límite donde los agentes económicos alcanzan un nivel máximo de las ventajas económicas con el que llegan a un nivel de satisfacción mayor del que hubiesen tenido si no habrían intercambiado sus bienes. La idea de este apartado consiste en describir el proceso con un ejemplo numérico[2].

 El granjero A tiene 6 caballos y una vaca, el granjero B tiene 6 vacas y un caballo. A podría fácilmente intercambiar uno de sus caballos (0) por una vaca que tendría mucho más valor (40), en tanto que B podría cambiar una de sus vacas (0) por un caballo de A porque le serviría mucho más (40). Luego del intercambio, la situación sería la siguiente:

Si ahora ambos agentes están en una mejor posición respecto de sus necesidades, podrían incrementar más su bienestar intercambiando. Si A cambia otro de sus caballos (10) por una vaca (30) de B, y B acepta, tanto A como B mejorarían su bienestar, porque B cambiaría una de sus vacas (10) por un caballo (30) de A: ambos mejorarían su bienestar en 20 y la nueva situación sería la siguiente:

Si ambos granjeros repiten el proceso, pues no estarían ni mejor ni peor, pues A cambiaría uno de sus caballos (20) por una vaca (20) de B y B lo propio, estaría cambiando una de sus vacas (20) por un caballo (20) de A, es decir, que no se deriva ninguna ventaja económica. De donde se deduce que la existencia del límite se da en este punto, donde se han agotado las ventajas económicas y donde además, un nuevo intercambio empeoraría el bienestar de los agentes económicos[3]. “Se alcanza este límite cuando ya ninguno de los dos contratantes posee cantidades de bienes que tengan para cada uno de ellos menor valor que una cantidad de bienes poseídos por la otra parte, mientras que este segundo contratante se halla en una relación inversa respecto del cálculo de valor”[4]

No obstante, siempre tiene que tomarse en cuenta que las operaciones de intercambio requieren sacrificios para ser concretadas, esto por la distancia que normalmente separa a los agentes que quieran intercambiar sus bienes.

“Los fletes, las primas, los derechos de aduanas, las averías, los costes de correspondencia, los seguros, provisiones y derechos de comisión, los corretajes, los certificados, los gastos de embalaje y almacenaje, la manutención de los comerciantes y de sus auxiliares, los costes financieros y otras cosas similares no son sino algunos de los sacrificios económicos exigidos por las operaciones de intercambio, que absorben una parte de los beneficios económicos que resultan de la realización concreta de las ocasiones que se presentan. A veces, estos sacrificios pueden ser tan elevados que hacen imposible un intercambio que, por otra parte, seria perfectamente posible de no existir estos gastos, en el sentido que tiene esta palabra en economía política”[5]. Recordemos que la condición b) y c), que permite el intercambio, requieren de conocimiento y capacidad para convertir en realidad en intercambio, lo que llevado a un plano mas “macro” se traduce en liberalización de mercados, para integrarse y reducir el coste de exportar e importar por causa de los aranceles y las regulaciones impuestas desde el estado.

Por último, reivindicar la actividad del comerciante, que muchas veces se le califica como actividad improductiva por el hecho de no producir bienes físicos de manera directa. Los comerciantes son tan productivos como los fabricantes o agricultores, y esto porque “la meta de toda economía no es la multiplicación física de los bienes, sino la satisfacción más plena posible de las necesidades humanas y, para alcanzar esta meta, la contribución de los comerciantes no es menos importante que la de aquellas personas a las que hasta ahora se a considerado, desde un punto de vista excesivamente unilateral, como las únicas productoras”[6].    


[1] Página 145

[2] Para quien no comprenda el ejemplo, me escribe que se lo explico cuidadosamente mejor

[3] Vea que sucede con el bienestar de los agentes económicos si deciden realizar un cambio más.

[4] Página 153

[5] Página 155

[6] Página 155

Carl Menger – Principios de Economía Política (III)

CAPÍTULO III. LA TEORÍA DEL VALOR[1]

SOBRE LA ESENCIA Y EL ORIGEN DEL VALOR DE LOS BIENES

El valor es la significación que unos concretos bienes adquieren para nosotros una vez que somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades. La esencia del valor, por tanto, radica en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos, esto porque dependiendo de las circunstancias, la relación de los bienes con nuestras necesidades varía. Si una aldea se encuentra cerca de un arroyo lo suficientemente abundante como para satisfacer las diversas necesidades de la población, entonces el agua tendrá menor valor del que tendría si, por ejemplo, el caudal del arroyo se reduce hasta ya no poder satisfacer las diversas necesidades de la población[2].

En palabras de Menger: “Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar. La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia”[3].

LA MEDIDA MÁS PRIMORDIAL DEL VALOR DE LOS BIENES

Como dijimos, los bienes no tienen valor en sí mismos[4] sino en cuanto lo que consideramos pueda satisfacer nuestras necesidades, es decir, que el valor de los bienes es subjetivo y depende de la satisfacción que con él logren los agentes económicos, y es que de la satisfacción de nuestras necesidades dependen nuestra vida y nuestro bienestar[5]. Lo que a continuación veremos de manera más profunda de qué depende el mayor o menor valor que le atribuimos a las bienes que permiten satisfacer nuestras necesidades

  • Diferencias de la magnitud de la significación de cada una de las satisfacciones de necesidades (elemento subjetivo): las diferencias en la magnitud de la satisfacción de una necesidad concreta dependerá del tipo de necesidad, es decir, que las necesidades más importantes para los agentes económicos son las vitales en comparación con necesidades como las vacaciones, la formación cultural, los deportes, etc. Por ejemplo, entre comer cuando estás muriendo de hambre o comprar entradas para ver una exposición de arte, por lo general, los agentes económicos escogerán lo primera opción, y no porque sean incultos, sino porque nuestra vida y bienestar depende más del alimento, así como del vestido y el techo[6].
  • Dependencia entre unas determinadas satisfacciones de necesidades y unos bienes concretos (elemento objetivo ): una vez visto que los agentes económicos asignan una mayor importancia a sus necesidades vitales, veremos que, a mayor (menor) significación de nuestra satisfacción, mayor (menor) valor le daremos a determinado bien correspondiente.  

Por ejemplo, imaginemos que “un campesino aislado dispone, tras una abundante cosecha, de doscientos celemines de grano (o cinco sacos). Una parte (primer saco) de esta cantidad sirve para el mantenimiento de su vida y la de su familia hasta la próxima cosecha; otra (segundo saco) parte para la conservación de la salud, un tercera porción (tercer saco) le asegura la semilla necesaria para la siembra siguiente; una cuarta (cuarto saco) puede emplearla en la fabricación de cerveza, alcohol y otros fines placenteros, y una quinta (quinto saco) para el engorde de su ganado. […].  

Hay, pues, satisfacciones de necesidades de la máxima importancia, respecto de las cuales el campesino depende del grano que tiene en su poder. Con él asegura, en primer lugar, su vida y la de su familia; luego su salud y la de los suyos; a continuación el mantenimiento de su economía, es decir, una base importante de su bienestar permanente. Utiliza finalmente una parte de su grano para la satisfacción de algunos placeres”[7].

En vista de que el agente económico tiene cubiertas varias de sus necesidades, ¿qué pasaría si por algún evento perdiera uno de los cinco sacos que tiene disponible? Pues que normalmente tendría que sacrificar la necesidad relativamente menos importante, es decir, el saco empleado en la fabricación de cerveza, alcohol y otros fines placenteros[8]. De lo anterior deducimos que, “El valor de un bien concreto o de una determinada cantidad parcial de la masa total de bienes de que dispone un sujeto económico es igual a la significación que para el mencionado sujeto tiene la satisfacción de las necesidades menos importantes que puede alcanzarse con aquella cantidad parcial y todavía no está asegurada por la cantidad total”[9].

De ahí que los diamantes tengan un valor más elevado que el agua: porque las cantidades del primer bien, en relación a sus necesidades, tan sólo alcancen a cubrir las más importantes; en cambio, la cantidad del segundo bien, en relación a sus necesidades, alcanza a cubrirlas de manera plena y aún queda una cantidad abundante del mismo.

LAS LEYES QUE REGULAN EL VALOR DE LOS BIENES DE ORDEN SUPERIOR

  • El principio determinante del valor de los bienes de orden superior: una vez deducido que el valor de los bienes (de primer orden y orden inferior) se encuentran ligados a la significación de las necesidades que los agentes económicos estimen puedan satisfacer, es evidente que el valor de los bienes de orden superior se encuentra ligado al valor de los bienes de orden inferior o primer orden, y no al revés[10], y esto por la conexión causal que tienen respecto a su correspondiente satisfacción de necesidades que cumple. En este sentido, el valor de los bienes de orden superior se calcula en relación al valor previsible futuro de los bienes de órdenes inferiores a cuya producción los destinan real los agentes económicos, es decir, que la harina, el agua, la mano de obra y demás bienes necesarios para fabricar el pan encuentran su medida en el valor que tendrá el pan al finalizar su producción, es decir, en lo que estimen valdrá el pan en el futuro.
  • Sobre la productividad del capital: llamamos capital a la disposición presente de bienes económicos de orden superior; bien que, así como los bienes de primer orden, se constituyen en medios que contribuyen a mejorar –aunque de manera mucho más plena- su satisfacción de necesidades al ampliar los medios de consumo directo o de primer orden para el agente económico   
  • Sobre el valor de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior:  el valor de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior mas el valor de la correspondiente utilización del capital será igual al valor del bien de primer orden producido, es decir, suponiendo que el valor de un bien de primer orden al cabo de un año sea 100 y que el valor de la utilización de capital sea 10, el valor actual de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior para la fabricación del bien de primer orden será de 90. En palabras de Menger: “el valor que tienen de suyo y en el momento actual los elementos técnicos de la producción no es igual al valor total previsible del producto, sino que se regula siempre de tal modo que quede abierto un margen para el valor de la utilización del capital y de la actividad empresarial”[11].

[1] Para una comparación entre autores que la literatura económica denominó como “marginalistas” (entre ellos, Menger) y sus teorías del valor y el precio, léase: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/23_6_Cachanosky.pdf

[2] Si bien pueden ser ejemplos improbables, el uso de las circunstancias nos permiten identificar que el valor radica en la relación bienes-necesidades. Otro ejemplo sería comparar dos tipos de poblaciones, una que cuente con agua abundante y otra que no, donde se evidencia que el valor que los habitantes de la primera población le atribuyen al agua es menor que en la segunda, donde relativamente se le da mas valor.

[3] Página 95

[4] Es decir, que el valor no se encuentra en si mismo en la tierra, el trabajo o los metales preciosos, sino que depende del significado que le demos al momento de satisfacer nuestras distintas necesidades

[5] Sobre todo si se tratan de necesidades vitales como la ropa la comida o el techo.

[6] Tras haber tomado cantidades necesarias para la conservación de la vida y la salud, se consumen otras por mero placer

[7] Página 103-104

[8] Si le llegaran a faltar dos sacos, además de sacrificar sus placeres (cuarto saco), probablemente sacrificaría también su necesidad para el engorde de su ganado (quinto saco), y así sucesivamente.

[9] Página 112

[10] Si por alguna de las causas ya estudiadas, el valor de cierto bien (de primer orden) disminuye, disminuirán también el valor de los bienes de orden superior que contribuyeron a su transformación.

[11] Página 130

Carl Menger – Principios de Economía Política (II)

CAPÍTULO II. ECONOMÍA Y BIENESTAR ECONÓMICO

1. LA NECESIDAD HUMANA: A continuación se desarrolla la necesidad de dos tipos de bienes: los de primer orden (o consumo inmediato) y los de orden superior (o medios de producción )

  • La necesidad de bienes de primer orden (bienes de consumo inmediato): podría decirse que en resumen, la necesidad humana de bienes de primer orden puede preverse en cantidad y calidad hacia lo largo del tiempo, es decir, que por lo general los agentes económicos proyectan los bienes de primer orden que necesitarán y los que aspiran a tener
  • La necesidad de bienes de órdenes superiores (medios de producción): hay que tener en cuenta que para producir bienes de primer orden se requieren bienes de órdenes superior de tal manera que se tengan todos los necesarios para producir de manera completa el bien de primer orden. Por ejemplo, no servirá de mucho si queremos producir pan (bien de primer orden o bien de orden inferior) pero nos falta la harina o la levadura (bienes de segundo orden o bienes de orden superior).

… “nuestra necesidad efectiva de cada uno de los bienes concretos de orden superior está condicionada por el hecho de que dispongamos o no también de las cantidades complementarias de los bienes correspondientes del orden superior”[1].

En resumen, sin las cantidades de bienes de órdenes superiores que vienen a complementar en la producción de un bien de primer orden, la necesidad de este bien se reduce, provocando insatisfacción en los agentes económicos y, con esto, se reduce su bienestar. Si bien en los bienes de primer orden los agentes económicos proyectan los bienes que necesitan y aspiran tener para satisfacer sus necesidades, es distinto cuando se trata de bienes de órdenes superiores, pues no está en poder del agente económico la producción de bienes complementarios que requerirá para producir su bien de primer orden, pero como sentencia Menger: “Cuanto más progresan los hombres por la senda de la cultura, tanto más suelen las personas concretas, en virtud del avanzado proceso de división del trabajo, producir cantidades de bienes del orden superior bajo el supuesto tácito y, de ordinario también correcto, de que otras personas producirán por su parte las correspondientes cantidades de los bienes complementarios”[2].

Por otro lado, es necesario mencionar que la producción de bienes de órdenes superiores requieren tiempo en lo que toca transformarlos en bienes de primer orden[3]

2. LAS CANTIDADES DISPONIBLES: tener una idea de la cantidad de bienes que se disponen le sirve al agente económico para decidir donde es que le conviene vender o donde comprar, y es que, según Menger, “el conocimiento de la necesidad de bienes de los periodos de tiempo por venir se nos aparece como el primer presupuesto de toda actividad humana enderezada a la previsora satisfacción de sus necesidades”[4]. “El segundo factor que condiciona el éxito de la actividad humana es que el agente se forme una idea cabal de los medios de que dispone para conseguir su objetivo”[5] .

3. EL ORIGEN DE LA ECONOMÍA HUMANA Y DE LOS BIENES ECONÓMICOS:

Los bienes económicos: partimos del hecho por el cual la necesidad es mayor que la cantidad disponible de bienes, y que la economía es la elección entre las necesidades más importantes que se van a satisfacer respecto de los bienes que se disponen[6]. En resumen, los bienes económicos son aquellos bienes cuya necesidad es superior que la cantidad de que se dispone

Los bienes no económicos: los bienes no económicos son la inversa de los bienes económicos, esto es, que son aquellos bienes cuya necesidad es menor que la cantidad de bienes de que se dispone

Relación entre los bienes económicos y no económicos: para que un bien no económico pase a ser económico tendría que aumentar la necesidad del bien no económico o bien disminuir las cantidades disponibles del bien no económico. Algunas de las razones que Menger apunta para que esto suceda son el aumento de la población, sobre todo cuando se produce una acumulación local de la misma; el desarrollo de las necesidades humanas, en virtud del cual aumentan las necesidades de una misma población, y los progresos humanos en el conocimiento de la conexión causal entre las cosas y su bienestar, a través del cual surgen nuevas aplicaciones utilitarias de estos bienes. Por otro lado, para que los bienes económico se conviertan en económicos debe darse un cambio de relación entre necesidad y cantidad disponible.

4. LA RIQUEZA: La riqueza es la totalidad de bienes económicos que dispone un agente económico, y como definimos el bien económico como aquel cuya cantidad disponible es menor a la necesidad que se tiene del mismo, puede deducirse que la riqueza es “la totalidad de aquellos bienes de que dispone un sujeto económico, cuya cantidad es menor que la necesidad de los mismos”[7]. Cuando nos referimos a la riqueza nacional, tiene que ser considerada desde el punto de vista de la riqueza que cada individuo posee, y no al revés, es decir, que a partir de la riqueza nacional se extrapole sobre cuán ricos son los individuos de dicha economía.


[1] Página 64

[2] Página 65

[3] Saber que los bienes de órdenes superiores o bienes de capital (como estudiaremos después) requieren tiempo en ser producidos, nos permitirá comprender después que cuando por impulso del banco central y la banca privada, se descoordina la estructura de capital, se necesitará de tiempo para que los bienes de órdenes superiores o bienes de capital puedan reorientarse (o no) hacia sectores productivos que los requieran.

[4] Página 67

[5] Página 67-68

[6] A diferencia de los neoclásicos, el agente económico “austríaco” no optimiza de forma matemática el uso de los bienes que posee. Al referirnos nuestro agente económico hace el mejor uso de los bienes que posee nos referimos a que satisface sus necesidades de acuerdo a la importancia que considere, es decir, de manera subjetiva

[7] Página 86

Carl Menger – Principios de Economía Política (I)

CAPÍTULO I. LA TEORÍA GENERAL DEL BIEN

  • SOBRE LA ESENCIA DE LOS BIENES

Lo primero es plantear que todas las cosas se hallan sujetas a la ley causa y efecto. Lo segundo es establecer que el tránsito[1] de la insatisfacción a la satisfacción de nuestras necesidades, median utilidades, es decir, cosas útiles; más aún, llamaremos bienes a la posesión de esas cosas. Así, por ejemplo, si sé que mi sed (necesidad insatifecha) se satisface tomando agua (cosa útil), disponiendo de un vaso con agua (bien) lograré satisfacer mi sed[2]. Podemos resumir diciendo que la esencia de los bienes es la satisfacción de nuestras necesidades[3].

  • SOBRE LA CONEXIÓN CAUSAL DE LOS BIENES

Nuestro bienestar depende de los bienes necesarios para la satisfacción de nuestras necesidades; a modo de clasificar los bienes, llamaremos bienes de primer orden a aquellos que satisfacen nuestras necesidades de manera inmediata (pan), bienes de segundo orden serán aquellos que lo hagan de manera mediata (harina, sal, agua, levadura), bienes de tercer orden aquellos que tengan una relación mucho más mediata a satisfacer nuestra necesidad de comer pan (trigo, molinos, etc.) y así sucesivamente[4]

  • LAS LEYES A QUE SE HALLAN SUJETOS LOS BIENES EN SU CALIDAD DE TALES
  • La cualidad de los bienes de orden superior[5] está condicionada por el hecho de que debemos disponer también de sus bienes complementarios del mismo orden: por ejemplo, un bien de segundo orden lo será en tanto en cuanto el agente económico disponga de los demás bienes de segundo orden para que éstos puedan producir el bien de primer orden
  • La cualidad de los bienes de orden superior [6] está condicionado por la cualidad de los correspondientes bienes del orden inferior: es decir, que si de un momento a otro los agentes económicos dejaran de fumar sin que surjan nuevas necesidades, los cigarrillos (bien de primer orden o bien de orden inferior) perderían su cualidad de bien, lo que se transmitiría a los bienes de segundo, tercer, cuarto, etc. ordenes (bienes de orden superior) y causaría que éstos bienes también perdieran su cualidad de bien, es decir, que ya no tendrían valor[7]
  • TIEMPO – ERROR

El proceso mediante el cual los bienes de ordenes superiores (segundo, tercer, cuarto orden) se van transformando en bienes de ordenes inferiores (primer orden) requiere de tiempo[8].

Sobre el error, Menger se refiere a la inseguridad presente en el agente económico respecto de la calidad y cantidad exacta que obtendrá de un bien cuando emprende el proceso de transformar bienes de ordenes superiores en bienes de orden inferior (o primer orden). Las ramas de producción sujetas a mayor incertidumbre es la agricultura, luego la industria, etc. Lo que agregaría yo sería otro error al que está sujeto el agente económico que emprende la transformación de bienes de ordenes superiores a bienes de orden superior o de primer orden y son las necesidades que requerirán ser satisfechas en el lapso de tiempo que medie entre el comienzo y el fin del proceso para obtener bienes de primer orden. Si por ejemplo yo dispongo de todos los bienes de orden superior para fabricar zapatos y al finalizar el proceso (digamos un año), los gustos cambian y ya todos usan tenis, los bienes de primer orden que produje ya no tendrán valor.

Podemos resumir diciendo que el proceso de transformación de bienes de orden superior a bienes de orden inferior requiere tiempo y está sujeto a márgenes de error en la producción, sea porque a ciencia cierta no sabré exactamente la cantidad y calidad que resultará de la producción ni tampoco nada me asegura de que mi producción siga considerándose valiosa para los agente económicos en el futuro.

  • SOBRE LAS CAUSAS DEL CRECIENTE BIENESTAR DE LOS HOMBRE       

La división del trabajo como planteó Adam Smith, no es por sí sola la causante de mayor productividad. Si los agentes económicos dedicasen su tiempo a producir bienes de orden superior, es decir, que en lugar de levantar el trigo con las manos, descubrieran procesos y métodos para procesar el trigo, combinarlo con otros bienes de su mismo orden hasta obtener pan, su bienestar y productividad se incrementarían aún más[9].

“Así pues, el creciente conocimiento de las interconexiones causales de las cosas con su propio bienestar y el progresivo dominio de las condiciones cada vez más remotas de las mismas han elevado a los hombres del estado de rudeza y de la más profunda miseria al estadio actual de cultura y bienestar, han permitido que amplias zonas hasta hace poco habitadas por pocos hombres, que arrastraban además una vida trabajosa y miserable, se conviertan en tierras de cultivo densamente pobladas. Nada más Cierto que la afirmación de que también en el futuro el progreso económico del hombre no tendrá otro límite que el de los progresos antes mencionados”[10]

  • LA POSESIÒN DE BIENES

“A la totalidad de los bienes de que dispone un individuo para la satisfacción de sus necesidades lo designamos cómo su posesión de bienes. No se presenta, pues, ante nosotros como una cantidad de bienes caprichosamente acumulada, sino como el reflejo de sus necesidades, como un todo articulado, que no puede ser aumentado o disminuido de forma sustancial sin que se vea comprometida la realización del objetivo total”[11].

Las necesidades básicas como la de vivienda, ropa y alimentos está presente en todos los agentes económicos, pero la diferencia está en la calidad al que el agente económico apunta.


[1] Si se aplica la ley causa efecto en relación con nuestras necesidades, la causa de la satisfacción de nuestras necesidades son los bienes

[2] para ser considerado bien, hará falta que disponga de esa utilidad que llega a satisfacer mi necesidad, en este caso, la sed

[3] Cuando nos referimos a la satisfacción de una necesidad no sólo nos referimos a las necesidades vitales, el conjunto es mucho más amplio pues incluye las necesidad de tomar una siesta, visitar un museo, escribir, etc.

[4] La clasificación en bienes de primer, segundo, tercer orden y más, dependerá del tipo de bien que estemos considerando. Lo que cabe recordar es que estos bienes no pierden la esencia de satisfacer necesidades, simplemente su satisfacción se encuentra mas distante en el tiempo por decirlo así.

[5] Segundo, tercer, etc.

[6] Segundo, tercer, etc.

[7] Siempre que estos bienes de ordenes superiores (segundo, tercer, cuarto orden) no sirvan para satisfacer otra necesidad humana distinta a la de fumar. Puede que hasta ahora parezca irrelevante aprender esto, pero les aseguro que sirve para comprender mejor la teoría del ciclo y del capital de la Escuela Austríaca.

[8] No podemos hacer pan al instante si los bienes que disponemos para hacerlo son trigo, mano de obra y un molino. Necesariamente tenemos que invertir tiempo para satisfacer la necesidad de comer pan, y dependiendo del bien de primero orden que necesitemos, dependerá el tiempo que deberemos invertir

[9] Cuando se estudie la teoría del capital y los procesos productivos, se entenderá mejor a que nos referimos cuando hablamos de producir bienes de órdenes superiores

[10] Página 53

[11] Página 54

Historia de las doctrinas monetarias – Dr. Juan Ramón Rallo (2)

LECCIÓN 2 – LAS TEORÍAS INFLACIONISTAS DEL MERCANTILISMO

Antecedentes

La doctrina económica del mercantilismo[1] estuvo hecha para consolidar el poder del Estado nación; dicha doctrina dominó el panorama en Europa entre finales del siglo XVI y mediados del siglo XVIII. Lo que importaba era defender los intereses del Estado, por mucho que las políticas que veremos a continuación perjudicasen a la gente.

Si bien la doctrina del mercantilismo no era homogénea, lo que si compartían la mayoría de los mercantilistas era la idea de que la acumulación indefinida de los medios de pago era un indicio de que la nación no se perjudicaba con el comercio exterior; sumado a eso, aunque hubieron mercantilistas que sí diferenciaban entre dinero y riqueza, otros los equiparaban.  Pero volvamos al punto central, y es que la acumulación de metales preciosos en el interior de una nación beneficiaba a la economía estimulando al comercio y reduciendo los tipos de interés  

Los propósitos del mercantilismo

  • El estimulo al comercio: la afluencia de metales preciosos desde las Indias y la creciente división del trabajo fueron razones suficientes para establecer la conexión causal de que un incremento de la oferta monetaria, al cebar la demanda, estimulaba la producción. La otra razón que justificaba que mayor dinero estimulaba el comercio era que la ausencia del mismo, limitaba la extensión y complejidad de la división del trabajo
  • La rebaja de los tipos de interés: lo primero es mencionar que los mercantilistas, así como los Escolásticos, creían que el interés es un fenómeno puramente monetario; lo segundo es que creían que un tipo de interés alto era un obstáculo importante para el desarrollo de la riqueza de una nación[2].
  • Los otros motivos del mercantilismo

La política económica del mercantilismo

  • El control del comercio internacional: la mayor parte de los autores mercantilistas centraban su atención en la acumulación de metales preciosos. Las políticas para tal cometido eran la regulación de los tipos de cambio y regulando para que se exporte más de lo que se importa.  

Gerald Malynes fue el mercantilista que con más ahínco defendió la regulación de los tipos de cambio (explicación de origen financiera de salida de los metales preciosos), esto porque sostuvo la idea de que la especulación financiera podría alterar los tipos de cambio de manera permanente[3]. La explicación de origen real de la salida de los metales preciosos y, por tanto, la propuesta de regulación de las exportaciones e importaciones, vinieron de la mano de los autores mercantilistas Edward Misselden y Thomas Mum, cuya idea, explicada de una manera sencilla, consistía en que si una economía exportaba más de lo que importaba, evidentemente entregaba más del metal precioso[4] que recibía, de ahí la intención de restringir las importaciones de bienes y servicios, al tiempo de estimular al máximo las exportaciones[5].  Insistiendo es este punto, cuando el estimado lector conozca el mecanismo del punto de exportación oro se maquinará en su mente dos opciones: la primera, que es la que me surtió a mi, que es que la economía se rige por determinadas leyes o lógicas, o que la economía está dominada por determinados y sobre acusados tipos de agentes económicos que aún son rehenes por determinados tipos de ideologías[6] que (increíblemente) aún perduran y son usadas por el terror rojo[7]. Sin la intención de aburrir al lector, lo que diría es que, para que se entienda, y sin la intención de insultar la inteligencia del lector, es que, la primera razón por la cual los mercantilistas defendían la acaparación de los metales preciosos, la razón financiera, era porque creían que la especulación de determinados agentes económicos, “desequilibraban” permanentemente los tipos de cambios.

  • La expansión de los medios de pago basados en el crédito: puesto que la carestía de metales preciosos (dinero) era perjudicial por las razones que apuntamos, autores como Nicholas Barbon y John Agsill, eran partidarios de cambiar el sistema de medios de pago basado en los metales preciosos por sistemas de medios de pago basados en bienes como la tierra; esto por considerar que el valor del dinero deriva de la ley y no del material que lo sustenta, y sumado a eso, porque buscaban evitar que dichos medios de pago sean convertibles en bienes como los metales preciosos, esto último porque los medios de pago convertibles en metales preciosos tienen margen limitado para expandirse por la economía. Otro autor que también compartía la idea de reformar el sistema de medios de pago para expandir los medios de pago basados en deuda o crédito era Law. Si bien profundizaremos sobre el dinero en lecciones posteriores, es necesario mencionar que los mercantilistas pero sobre todo los inflacionistas confundían “que el dinero es un bien presente con el que extinguir deudas, mientras que las deudas[8] son obligaciones futuras de pago en dinero”[9]

Lo que rescato de este capítulo:

  • El mercantilismo es la política económica que acrecenta el poder del estado; sus intereses[10] en forma de colectivo priman por sobre los intereses de la gente de a pie
  • Si bien el pensamiento mercantilista fue diverso, podría decirse que el común denominador fue el acaparamiento de metales preciosos y esto por: estimula el comercio[11] y reduce los tipos de interés[12].
  • Con los mercantilistas vemos de manera más nítida las ideas inflacionistas modernas, es decir, basadas en el crédito de activos de baja calidad[13]

[1] Para un estudio más sistemático, léase Mercantilismo (1931) de Eli Heckscher https://archive.org/search.php?query=creator%3A%22Eli+F.heckscher%22

[2] Menor tipo de interés, mayor endeudamiento por parte de los agentes económicos, dinero que posteriormente se volcaría por la economía e impulsaría la demanda con su posterior incremento de la oferta, con lo que se generaría mayor crecimiento económico          

[3] Como veremos en el siguiente capítulo, el punto de exportación oro era el mecanismo que autorregulaba las depreciaciones (salidas de metales preciosos) y apreciaciones (entradas de metales preciosos) de la moneda cuando un país incurría en déficits o superávits comerciales. Si bien es cierto que la especulación tiene repercusión depreciando o apreciando la moneda, la causa fundamental para que una moneda se depreciara o apreciara tenia que ver con los déficit o superávit comerciales.

[4] Recordemos que en patrón oro, la divisa universal era el oro.

[5] Centrarse en exportar de manera obsesionada, más de lo que se importa es un error, y es un error por considerar que el valor económico reside en los metales preciosos y no en las preferencias subjetivas que tengan en mente los agentes económicos. Que el valor resida en la subjetividad por sobre los metales preciosos (mercantilistas), los recursos que brinda la naturaleza (fisiócratas) o que el valor se encuentre en el tiempo socialmente necesario de trabajo (Marxismo) es incorrecto, porque el valor es subjetivo y es algo que resumiré de la obra que me hizo interesar por la economía como provocó en mí la obra de Carl Menger en sus Principios de Economía Política

[6] Llámese ideología marxista o ideología keynesiana

[7] La izquierda es de terror en cuanto su historial de masacre que carga. No uso el argumento del susto en su contra: para mi, lo que propugnan, nunca resultó. El estimado lector libre de consultar el porcentaje de éxitos que resultaron de sus políticas concretas. Ni la U.R.S.S., ni Cuba, ni Corea del Norte, ni Venezuela, ni Argentina son capaces de ser el ejemplo prototípico del éxito rojo, por mucho que camuflen sus desastres económicos acusando a la “derecha”. Quien conciba la teoría de la conspiración y que los ricos dominan el mundo, y se resista a ver los desastres en materia económica del socialismo, puede tranquilamente dejar de leer este blog. Hombre, que no soy un genio intelectual, pero puedo darme cuenta del fanatismo del hombre cuando hace de la vista gorda viendo la crisis que están padeciendo ahora mismo las medidas socialistas de sus dictadores                       

[8] O títulos de deuda como los pagarés como dinero que proponían Barbon y Agsill

[9] Página 31

[10] Más bien de los burócratas gubernamentales y los políticos

[11] Lo que en jerga moderna entendemos como que la demanda agregada estimula la oferta agregada y produce crecimiento (Keynes)

[12] Lo que significa que reducciones en el tipo de interés abarata la deuda y el uso de la misma (gasto) estimula el crecimiento económico

[13] O activos tóxicos como los bonos de estados populistas o títulos hipotecarios de repago incierto como los que proliferaron en la Gran Recesión

Historia de las doctrinas monetarias – Dr. Juan Ramón Rallo Julián (1)

LECCIÓN I – EL ANÁLISIS ESCOLÁSTICO DE LAS MUTACIONES MONETARIAS Y DE LOS TIPOS DE INTERÉS

Antecedentes: el sistema monetario medieval

Baja Edad Media y primera parte de la Edad Moderna

Su sistema monetario se organizaba de la siguiente manera

Tomando como ejemplo a Inglaterra

1 libra = 20 chelines = 240 peniques

La unidad de cuenta era la libra, no poseía materialización en forma de medios de pago o monedas, a diferencia de los chelines y peniques que estaban expresados en gramos de plata equivalentes a la libra:

1 libra = 373,2 gramos de plata

1 onza inglesa (troy) = 31,1 gramos de plata

20 chelines = 240 peniques = 12 onzas inglesas = 373,2 gramos de plata

Si bien al principio así era, con el paso de los años, el contenido metálico de los chelines y de los peniques se fue perdiendo (tanto por los rascados privados como por el envilecimiento regio), pero su valor nominal, la libra, se mantuvo. Es decir, que la agregación de los 20 chelines o los 240 peniques ya no contenían los 5400 granos de plata pero nominalmente, sí. “La unidad de cuenta formal, pues, dejaron de ser los granos de plata (masa de plata) y pasó a serlo una unidad imaginaria sin contenido material específico”[1].

Este sistema hacía que las monedas tuvieran transitoriamente su valor nominal y un valor real.

Antes cabe decir que el oro y la plata no amonedados se vendían en el mercado y cotizaban a un precio en libras, chelines o peniques, precio que podía ser mayor o menor al valor en que esa masa de oro o plata podía ser acuñada en las cecas o casas de acuñación.

Pongamos este ejemplo supersimplificado: 1 stone de plata (unidad de masa que equivale a 6350 gramos de plata) se intercambia por 17 libras de plata (cada una con un peso de 373.2), estando el valor nominal de cada libra fijado en 20 chelines (de modo que las 17 libras tendrán un valor de 340 chelines. Así las cosas, el valor 6350 gramos de plata será igual a 340 chelines. Es decir, que en condiciones normales, los 6350 gramos de plata para su acuñación, costaría 340 chelines. 

Resumido sería:

373.2 gramos de plata (masa) = 1 libra de plata (nombre de la moneda) = 20 chelines (valor nominal de la moneda o masa de plata) =  373.2 gramos de plata

Yo creo que nadie pagaría una libra de plata para comprar 373 gramos de plata, y esto porque si refunde la libra obtendría 373.2 gramos de plata; mucho menos se vendería 374 gramos de plata a una libra, y esto porque acudiendo a la casa de acuñación, convertiría 373.2 gramos de plata en una libra[2]. La cuestión era lo que ocurría si la identidad se quebraba.

Como ocurría en aquel tiempo, cuando el Príncipe reducía el contenido metálico de cada libra en su poder a la mitad, por ejemplo, es decir, a 186.6 gramos de plata sin modificar su valor nominal (20 chelines), el precio de mercado de 373,2 gramos de plata subía a 40 chelines, pero no sólo subía el precio de la plata, sino que la suba se extendía al resto de los precios de bienes y servicios de la economía[3]. Cuando la moneda mala (la del Príncipe) se mezclaba con la buena (la del mercado), lo que ocurría era el atesoramiento de la moneda buena[4] y el desprendimiento (en intercambios) de la moneda mala[5]. Sin la imposición legal del Principe de querer hacer pasar 20 chelines las monedas que deberían valer 40 (es decir, de hacer pasar 186.6 gramos de plata lo que son 373.2 gramos de plata), ambas monedas podrían circular con absoluta fluidez ya que la gente utilizaría dos libras envilecidas o una no envilecida para abonar un precio de 40 chelines.

Las mutaciones monetarias

Las distintas alteraciones[6] a las que podía verse sometida la moneda en aquellos tiempos eran las siguientes:

  • Debilitamiento de la moneda: es la rebaja del contenido metálico de la moneda manteniendo su valor nominal. Si por ejemplo una libra son 20 chelines porque contienen 373,2 gramos de plata, basta con rebajar su contenido metálico a la mitad manteniendo su valor nominal, es decir, que cada chelín, en lugar de comprar 18,61 gramos de plata (la venteaba parte de la libra de plata), ahora tenga el poder de compra de 9,31 gramos de plata. El debilitamiento de la moneda es una estafa y un robo, porque “lo que está sucediendo es que el Príncipe se está apropiando físicamente de parte del contenido metálico de las monedas que le entregan sus súbditos”[7].
  • Aumentos de la moneda: es el incremento nominal de la moneda, de manera que la misma cantidad de metal represente más unidades abstractas de cuenta que antes. Como cuando los 20 chelines mantienen su contenido metálico en 373,2 gramos de plata pero su valor nominal sube de 20 a 40 chelines. En lugar de debilitar la moneda, debilita su valor nominal, con lo que el precio del oro en chelines aumenta o, visto desde el otro lado, el precio de los chelines en oro se redujo, abaratando en términos de oro todos los precios de bienes y activos nominados en chelines. El aumento de la moneda vendría a ser el equivalente a una depreciación de la moneda.  
  • Disminuciones de la moneda: es rebajar el valor nominal de una moneda. Tomando el ejemplo anterior, es cuando los 20 chelines, con 373,2 gramos de plata, se convierten en 10 chelines. Su equivalente moderno sería la apreciación de la divisa. 

Las consecuencias de las mutaciones monetarias

Cuando es un debilitamiento o aumento de la moneda, se reduce el valor del dinero; si es un fortalecimiento o disminución, se incrementa el valor del dinero[8]. Si bien la consecuencia de una reducción (o inflación) del valor del dinero será un alza de precios, y la de un incremento (o deflación) en su valor, una reducción,  tales efectos, sólo se dejarán sentir de manera tardía, primero porque, ante cuando los agentes se formen expectativas, el efecto inicial será el contrario. Si por ejemplo, los agentes se forman la expectativa de que el valor de dinero se reducirá en el corto plazo, atesorarán su dinero a la espera que se materialicen las nuevas elevaciones del valor nominal, “lo que provocará una caída temporal de los precios hasta que el dinero sea desatesorado y gastado”; si por el contrario esperan que el valor del dinero aumente, “lo razonable será desprenderse tan rápido como sea posible de una moneda cuyo valor nominal se va seguir minorando, lo cual provocará un repunte de los gastos y un aumento temporal de los precios”.

También cabe mencionar que el efecto de una reducción o incremento del valor del dinero, no provocará el aumento o la reducción de todos los precios a la vez ni tampoco será inmediato su aumento o reducción, “sino que estos efectos se irán materializando en el conjunto de la economía conforme las monedas debilitadas/aumentadas o fortalecidas/disminuidas se vayan intercambiando por bienes y activos”[9]. Como Rallo expondrá más adelante, el valor del dinero se explica mejor por factores cualitativos que por cuantitativos, es decir, más por la calidad del dinero que por su cantidad.

Otra consecuencia del aumento/disminución o debilitamiento[10] de la moneda era la entrada/salida de oro. En el primer caso, porque los aumentos de la moneda (en tanto no se verificaba el aumento de los precios internos) otorgaba al oro extranjero un mayor poder adquisitivo; en el segundo caso, por el menor poder adquisitivo que se les reconoce dentro de las fronteras.

Por último, los aumentos y las disminuciones también surtían efecto sobre los tipos de interés. Cuando los prestamistas anticipaban que los aumentos de la moneda incrementarían los precios, demandaban tipos de interés más altos para cubrirse de esa pérdida de poder adquisitivo; por otro lado, cuando anticipaban que la disminución de la moneda tendría efecto sobre el precio de los bienes y servicios, se conformaban a aceptar tipos de interés más reducidos. Es decir, “aumentos de la moneda tenderán a incrementar los tipos de interés, y las reducciones a minorarlos”[11].

Combinando los tres efectos anteriores “seremos capaces de comprender una de las principales dinámicas del sistema monetario medieval: los ciclos de debilitamiento, disminución y aumento de la moneda”[12]. Veamos:

Cuando el Príncipe debilitaba la moneda, los precios y los tipos de interés tendían a subir; para contrarrestar la escalada inflacionista, el monarca reducía el valor nominal de las monedas (deflación), es decir, se intentaba contrarrestar una política inflacionista (debilitamiento de la moneda) con una deflacionista (disminución de la moneda); luego, su política deflacionista provocaba la exportación del oro y la plata y la reducción de los tipos de interés nominales; la reducción de los tipos de interés y el abaratamiento de los precios de la disminución de la moneda, inducían al Príncipe a sobreendeudarse para “políticas de estímulo de la demanda”, pero el sobreendeudamiento, sumado la reducción nominal de los ingresos fiscales (fruto de la deflación interna de precios y rentas) hacían que se vea incapacitado a hacer frente a sus pasivos (sobreendeudamiento), con lo que terminaba aumentando el valor de la moneda (depreciación de la moneda), esto último para licuar sus pasivos[13]. Por consiguiente, el oro y la plata que salieron volverán a entrar (por la depreciación) y la recaudación por la inflación de precios y rentas, también aumentará.

La ilegitimidad de las mutaciones monetarias

Más allá de los efectos de las mutaciones monetarias, el problema de fondo se encontraba en que el envilecimiento de la moneda (sea por el debilitamiento como por el aumento de la moneda) constituía un robo por parte del Príncipe.

El interés y el papel del crédito[14]

Algo clave en la organización medieval del crédito es la prohibición canónica de la usura, y esto sobre todo por la influencia aristotélica de que el dinero es estéril y de que por sí solo no puede generar rendimiento alguno, por mucho que los escolásticos tenían conciencia de que usando capital prestado era posible acometer inversiones que fueran fructíferas y generadoras de rendimientos.

“Habremos de esperar hasta el siglo XVIII para que Turgot (a quien estudiaremos en la lección tercera) ponga de manifiesto los errores fundamentales de la doctrina escolástica sobre los tipos de interés: a saber, que el dinero, empleado como capital, no es estéril sino productivo; que la intermediación financiera es un uso tan legítimo y productivo del capital como todos los demás; que mantener saldos de tesorería no es dejar sin uso al dinero sino emplearlo en blindarse frente a futuras contingencias imprevistas; y que, precisamente para compensar al capitalista por el coste de oportunidad que supone prestar a terceros el capital y posponer o arriesgar su gasto (incluyendo como gasto el mantenerlo atesorado en forma de dinero o de mercancías), es lícito cobrar intereses. En el fondo, y como ya narraremos con Turgot, el interés es un precio por el tiempo ajeno que empleamos en nuestros planes productivos…”[15].

Por último, está la opinión de los escolásticos[16] sobre la actividad bancaria era aceptable en tanto en cuanto se guíen por la Regla de Oro de la banca, donde los bancos tienen que estar calzados en plazos y riesgos de los préstamos que extiendan y las deudas que asuman.

Por lo pronto, lo que rescato son una especie de tres pilares funamentales:

  • Lo inmoral del ROBO por medio de impuestos (o envilecimiento de moneda)
  • Los efectos de tal hecho por parte de los que actualmente llaman “gobernantes”
  • El ciclo que desde la época estudiada me ha enseñando a profundizar los efectos del ciclo económico, causados, fundamentalmente por acción directa de los gobiernos, y que profundizaremos (CICLOS ECONÓMICOS) repasaremos en todo este trayecto en el que decidí embarcarme.

[1] Página 2

[2] Con lo que tendría un remanente de 0.8 gramos de plata (dejando de lado el costo de acuñación o señoriaje, y esto porque las casas de acuñación eran monopolio de los monarcas)

[3] Esto porque el valor real de los chelines se habrá depreciado debido a su menor contenido metálico.

[4] Esto porque, si el Príncipe no lo prohibiera, los agentes económicos optarían por refundir su moneda y así evitar una pérdida de valor porque obtendrían 40 chelines de sus 373.2 gramos de plata. 

[5] Es lo que se conoce como la Ley de Gresham, esto es, que la moneda mala expulsa a la buena.

[6] Para un estudio en profundidad de este aspecto:

[7] Página 4

[8] Los determinantes del valor del dinero se verán en la lección 6

[9] Página 6

[10] La salida por debilitamiento se daba porque la posibilidad de refundir el oro en el extranjero y de esta forma, “cubrirse” de la pérdida de poder adquisitivo

[11] Página 7

[12] Página 8

[13] “Si por ejemplo el Príncipe contrajo deudas por 30.000 chelines cuando el florín cotizaba a 3 chelines (con lo que debía 10.000 florines al tipo de cambio), no tiene más que aumentar el valor nominal del florín a 10 chelines para ver reducida su deuda real a una tercera parte (aunque seguiría debiendo 30.000 chelines, podría amortizar esos pasivos apenas entregando 3.000 florines)”. Página 8

[14] Las obras Suma de tratos y contratos (1571) de Tomás de Mercado y Tratado sobre los cambios de Luis de Molina (1597) describen la organización crediticia del periodo

[15] Página 14

[16] De Tomás de Mercado y Luis de Molina, a diferencia de  Luis de Saravia de la Calle, que calificaba a todos los banqueros como logreros por cuanto sólo se dedicaban a descontar letras con fondos recibidos en depósitos, en lugar de guardar y custodiar esos depósitos.

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (19)

Capítulo 19 – Emular a Ron Paul

Hay cinco lecciones de como divulgar el mensaje de la libertad según Ron Paul:

  • El tema de la guerra no puede ni debe eludirse: la guerra, después de todo, es el programa último del gobierno. La guerra tiene todo lo que asociamos con las peores invenciones en la economía: impresión de dinero, creación de deuda, planificación centralizada, etc.

Así como los debates de guerra, el gobierno sólo permitía debatir a los estadounidenses en aquellas decisiones reales que ya se habían tomado como los impuestos a la renta o al consumo, los estímulos de tipo fiscal o monetario, etc. y fue Ron Paul quien se encargó de dejarlos al descubierto en eso.

  • Decir la verdad: cuando Ron habló sobre temas de la libertad fue abucheado e ignorado, pero la gente pronto se dio cuenta del político distinto que era, pues en lugar de adularlos o prometerles utopías, él resolvía problemas con una política de libertad. “El sabía que la filosofía de la libertad, cuando se explica de forma convincente, tiene un atractivo universal”[1].
  • El problema no es una persona, ni un partido: si uno se concentra en los escándalos de corrupción, el lujo bajo el que viven los políticos o similares cosas, olvida algo mucho más esencial: que el estado, esté administrado por buenas o por malas personas, encarna en sí mismo la violencia y el robo. No quiero decir que con esto ignoremos los delitos que los políticos cometen cuando tienen un cargo, sino que simplemente, concentrarse sólo en ese tipo de hechos, nos aleja del terreno en el que debemos dar la verdadera lucha.
  • Hay más en la vida, y más en la libertad que la política: antes de que despedirse del Congreso, Ron realizó un extraordinario discurso de despedida[2]. Si bien abandonó la política electoralista, no se concentró solamente en la política, sino que su objetivo, la divulgación de las ideas de la libertad, se encuentra presentes en instituciones que a largo plazo son el vehículo ideal para cambiar la mentalidad de las personas. Ejemplo de ello, la educación[3]
  • La Fed no puede ignorarse: a diferencia del resto de los políticos estadounidenses, Ron Paul fue el único que señalaba a la Fed como la originadora de los ciclos económicos de auge-declive que ha dañado a muchos estadounidenses. Sus oponentes pueden decir que fue suerte las anticipaciones que tuvo antes de la “Gran Recesión”, pero si uno mira atrás en el tiempo, ya había identificado la burbuja inmobiliaria el año 2003[4]:

“Como todas las burbujas creadas artificialmente, el auge de los precios de la vivienda no puede durar para siempre. Cuando los precios de la vivienda caen, los propietarios experimentarán dificultades a medida que se elimine su capital. Además, los tenedores de la deuda hipotecaria también tendrán una pérdida. Estas pérdidas serán mayores de lo que hubieran sido si la política del gobierno no hubiera alentado activamente la sobreinversión en vivienda”

Por lo menos para mi, es el primer político que conozco, sabe de los efectos de la expansión artificial crediticia que orquestan los bancos centrales y en complicidad de la banca privada. Finalizo con las palabras de Rockwell y por qué hay que seguir el ejemplo de Ron Paul: “Es la única vía segura para quienes creen en la libertad y buscan que esta triunfe mientras estamos vivos”[5].


[1] Página 220

[2] https://www.youtube.com/watch?v=AwXg26wNrmI

[3] https://www.mises.org.es/2013/11/la-revolucion-escolar-de-ron-paul/

[4] https://web.archive.org/web/20120521211720/http://paul.house.gov/index.php?option=com_content&task=view&id=258&Itemid=60

[5] Página 226

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (18)

Capítulo 18 – Demonios gemelos

En esta oportunidad trataremos la relación del siglo (XX) de la guerra con el siglo de la banca centralizada.

Veamos, los bancos centrales realizan tras funciones para el sistema bancario y para el gobierno:

  • Son los prestamistas de última instancia del gobierno
  • Coordinan la inflación de la oferta monetaria de las economías
  • Financian a los gobiernos mediante inflación

Por otro lado, los gobiernos pueden aumentar sus ingresos de tres maneras:

  • Mediante impuestos
  • Endeudarse
  • O pueden financiarse con préstamos del banco central, esto es, con políticas inflacionistas

De las maneras que tiene el gobierno para financiarse, la que menos le cuesta en términos políticos y económicos es cuando se presta del banco central.

“Primero, el gobierno federal es capaz de vender sus bonos a precios artificialmente altos (y a tipos de interés correspondientemente bajos) porque los compradores de su deuda saben que pueden cambiar de idea y vender a la Reserva Federal. Es verdad que el gobierno federal tiene que pagar intereses sobre los títulos que posee la Reserva Federal, pero al final del año la Fed paga ese dinero de vuelta al Tesoro, salvo sus insignificantes gastos operativos. Eso cubre del interés. Y en caso de que estéis pensando que el gobierno federal aún tiene que pagar al menos el principal, no es así. El gobierno puede refinanciar su deuda existente cuando vence, emitiendo un nuevo bono para pagar el principal del viejo. Mediante este enrevesado proceso (un proceso que, no casualmente, el público en general es improbable que conozca o entienda), el gobierno federal es de hecho capaz de hacer algo equivalente a imprimir dinero y gastarlo. Mientras que todos los demás tienen que adquirir recursos gastando dinero ganado en una empresa productiva (en otras palabras, primero tienen que producir algo para la sociedad y luego pueden consumir), el gobierno puede adquirir recursos sin tener que producir nada antes. La creación de dinero por medio del monopolio del gobierno se convierte así en otro mecanismo por el que se perpetúa la relación explotadora entre el gobierno y el pueblo”[1].

Puesto que la guerra es cara, que mejor forma de conseguir dinero barato que con ayuda del banco central. Un ejemplo de cómo el Sistema de la Reserva Federal se dedicó a la expansión de crédito y a favor del gobierno fue durante la Primera Guerra Mundial.

En palabras de John Paul Koning:

“Igual que los reyes depreciaban las monedas para ayudar a pagar sus guerras, la Reserva Federal empleó la inflación para ayudar a pagar la participación de los EEUU en la Primera Guerra Mundial. Lo hizo creando y emitiendo dólares a cambio de deuda del estado. En efecto, el balance de la Fed se convirtió en un repositorio de bonos de guerra. Más aún, la Fed llevó esta deuda a su balance a un precio mayor del que el mercado habría pagado, una subvención soportada por todos los poseedores de moneda al disminuir su poder adquisitivo”[2].

Aunque no sólo se amplió su balance en tiempos de guerra, pues como recuerda Elgin Groseclose en American’s Money Machine:

“Aunque la guerra se acabó, en un sentido bélico, en 1918, no se acabó en un sentido financiero. El Tesoro tenía todavía enormes obligaciones que cumplir, que acabaron siendo cubiertas por un préstamo Victoria. El principal apoyo en el mercado fue de nuevo la Reserva Federal”[3].

Otra guerra que le costó caro a los estadounidenses fue la Guerra de Vietnam, pues con la expansión crediticia de la Fed a su gobierno, la economía terminó con alta inflación, alto desempleo, y la caída de su mercado bursátil. Si bien el patrón oro impone disciplina fiscal a los gobiernos, la guerra es un pretexto para abandonarlo.

“La maquinaria bélica y la monetaria están en resumen íntimamente ligadas. Es inútil denunciar la moral grotesca del imperio de EEUU sin al mismo tiempo apuntar al apoyo indispensable que la hace posible. Si queremos oponernos al estado y a todas sus manifestaciones (sus aventuras imperiales, sus subvenciones en el interior, su interminable gasto y acumulación de deuda) debemos apuntar a su origen: el banco central, el mecanismo que el estado y sus medios de comunicación y economistas mantenidos defenderán hasta el día en que mueran. El estado ha convencido a la gente de que sus intereses son idénticos. Busca promover su bienestar. Sus guerras son las de la gente. Es el gran benefactor y la gente ha de contentarse con su papel como sus súbditos contentos. Nuestra visión es diferente. La relación del estado con la gente no es benigna, no es la de un donante magnánimo y un receptor agradecido. Es una relación explotadora, en la que una serie de feudos autoperpetuados que no producen nada viven a costa de la mayoría trabajadora. Sus guerras no protegen a la gente, la despluman. Sus subvenciones no promueven el llamado bien público, lo socavan. ¿Por qué deberíamos esperar que su producción de dinero fuera una excepción a este patrón general?”[4].

El estado no soltará el monopolio del dinero porque es la fuente que le permite comprar apoyo político, lo que quiere es producir dinero, y de mala calidad. Como defensores de la libertad, no deberíamos desear complacerlo.  


[1] Página 210

[2] https://www.mises.org.es/2011/11/de-como-la-fed-ayudo-a-pagar-la-primera-guerra-mundial/

[3] https://mises.org/library/americas-money-machine-story-federal-reserve

[4] Página 215

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (17)

Capítulo 17 – La generosidad de Rothbard

Gracias al Instituto Mises es que podemos deleitarnos de los dos tomos sobre El Pensamiento Económico antes de Adam Smith y La Economía Clásica[1].

“Leer estos libros es como encontrarse en el banquete más opulento que podáis imaginar, con una interminable variedad de comidas preparadas por los mejores cocineros del mundo y todo gratis. Pero hay una diferencia entre la satisfacción culinaria y este festín intelectual. La mente puede consumir mucho más que el cuerpo y Rothbard prodiga sus ideas. Tienes la sensación de que no puede esperar a contarte lo que ha descubierto. Mantiene tu atención y está entusiasmado y espera involucrarte tanto tiempo como sea posible sobre el tema correspondiente. Te lleva a este mundo y acaba haciendo que lo que algunos pensarían que es un tema aburrido cobre vida y se apropie de la tuya”[2]

Apasionado por la investigación y de contar lo que había descubierto; unificador de la ciencia económica, la teoría política y la filosofía moral en una teoría unificada de la libertad; fundador del libertarismo moderno[3]. Quien mejor rescata el pensamiento Rothbardiano –según Rockwell- es David Gordon en The Essential Rothbard[4].

Otro aspecto en la vida de Rothbard fueron las traiciones personales que vivió por parte de los rothbardianos, o lo que ocurrió entre él y el multimillonario Charles Koch[5].

“La gente se sentía tan halagada por su atención y tan absorta por su aproximación que normalmente empezaban a creer que el propio Rothbard era prescindible. Normalmente había algo que precipitaba los acontecimientos. El rothbardiano escribía un artículo que le alejaba del maestro en algún aspecto. Rothbard podría no haber dicho nada, pero no era así. Buscaba el combate intelectual, así que contestaba y combatía, normalmente de una forma que tocaba el orgullo del discípulo. El discípulo se lo tomaba por lo personal y se rebelaba contra el maestro de una forma que le cambiaba la vida y juraba enemistad eterna. Esto ocurría una y otra vez, incluso con algunos que no estaban en el ámbito de Koch”[6].

Por mucho que hayan intentado superarlo intelectualmente, al final las ideas y los aportes que perduraron en economía, filosofía política o teoría política fueron las ideas de Rothbard y no de sus detractores, muchos de ellos discípulos suyos en su momento.   


[1] Pueden encontrarlos en https://archive.org/details/historiadelpensamientoeconomico.volumeniimurrayrothbard https://archive.org/details/historiadelpensamientoeconomico.volumenimurrayrothbard                             

[2] Página 203

[3] https://www.liberalismo.org/articulo/362/68/murray/n/rothbard/

[4] https://mises.org/library/essential-rothbard

[5] https://lionsofliberty.com/2014/06/09/mondays-with-murray-rothbard-and-the-kochs/

[6] Página 205

Fascismo y Capitalismo – Llewellyn H. Rockwell (16)

Capítulo 16 – Ron Paul y el futuro

Ron Paul[1]no es el tipo de político que se nos podría venir a la cabeza. “Ron es el antipolítico. Cuenta verdades pasadas de moda, educa más que halaga al público y defiende los principios incluso cuando el mundo entero se alinea en su contra”[2]. Resalta su pasión por educar a la gente, pues es la manera para combatir la educación (adoctrinamiento) pública (estatal), y esto porque es consciente de que mediante el monopolio de la educación estatal que ejercen los estados, se los puede convencer que el estado es imprescindible, que sin un rol social que cumpla las cosas no serán gratis, no se reducirá la pobreza, no habrá industria, o que sólo se “beneficiarán” las clases económicamente más “ricas”. Es decir, que sin presencia del estado, la sociedad se convertirá en una verdadera anarquía.

Es por eso que el reto nuestro, como defensores de la libertad individual, los contratos voluntarios o los mercados libres, es plantarnos en la posición de que no buscamos hacer más eficiente al estado, o que estamos buscando cambiar el patrón de redistribución de la riqueza. Nuestra tarea es acabar con la máscara benigna del estado, y podemos hacerlo empezando por nosotros mismos, leyendo a grandes pensadores como Fredéric Bastiat, Ludwig von Mises, Murray Rothbard, etc. Los consejos de Rockwell en este sentido son la creación de blogs, canales de YouTube, la organización de grupos de lectura, y todo con el objetivo de divulgar lo que estamos aprendiendo, sin dejar de hacerlo[3].

“Si es a través de la propaganda como la gente acepta inadvertidamente las afirmaciones del estado, es a través de la educación como la gente debe recuperar la sensatez”[4]. En la batalla cultural, no tiene tanto peso que los políticos tengan que encargarse de cambiar el sistema; lo que sí tiene peso de cambio son el cambio de las ideas en las sociedades, lo que se logra luchando por la libertad, sin intermediarios y en su más alta expresión.

“Recordad esa idea de Etienne de la Boétie: todo gobierno se basa en el consentimiento público y tan pronto como el público retira ese consentimiento, cualquier régimen está condenado”[5]    


[1] https://www.britannica.com/biography/Ron-Paul

[2] Página 197

[3] Algo como la divulgación de resúmenes de los grandes pensadores de la libertad que están publicados en este blog.

[4] Página 200

[5] Página 200-01